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jueves, 12 de julio de 2012

LOS AMANTES...

Fue todo muy diferente a lo que ambos habían soñado tantas y tantas veces... Lo primero de todo, en el estrecho abrazo, sus bocas se buscaron una y otra vez, con glotonería infinita, intentado recuperar el tiempo perdido, que parecía ser toda su vida hasta aquél momento mágico... Luego, sin aliento, se separaban, para gozar de la presencia del amado, y se miraban a los ojos, todavía sin creer lo que estaban viviendo, en tanto sus manos buscaban con avidez el tacto del cuerpo del otro... Entonces, ella le tomó de la mano, y lo condujo al interior del dormitorio...

Las ropas de ambos quedaron esparcidas por la estancia, en tanto sus manos, febriles, ansiosas, recorrían el cuerpo del otro... Ismael sonrió... Los amantes se encontraron sobre la cama de frescas sábanas de lino, sin apenas darse cuenta... Y entonces, el sueño, imposible, de toda su vida, se hizo realidad...

Las manos de Ismael fueron recorriendo, sabias y diligentes, el cuerpo de la mujer, con dedicación y suavidad extremas, al igual que el jardinero acaricia la más bella rosa de su jardín... Las palabras sobraban...

Claudia, que creía conocer lo que era un hombre a través de la relación que había tenido durante aquellos años con su marido, se encontró de repente haciendo y sintiendo algo que jamás habría creído que existiera... Se había desdoblado y se observaba incrédula, sin acabar de entender que ella fuera la que estaba viviendo aquellas sensaciones...

Ismael, como el sembrador que trabaja un campo recién arado, preparándolo para la siembra, se afanaba explorando dulcemente las cuevas umbrías de su cuerpo... Oleadas rítmicas de un placer infinito iban acometiendo su vientre cada vez con más exigencia, un horizonte de arpegios mágicos y una sinfonía de colores nuevos se iban abriendo ante los ojos de su alma, y creyó que iba a morir...

Ella fue consciente de que sus manos sujetaban la cintura del amado, y de que sus dedos se clavaban en ella, atrayéndolo con fuerza... Súbitamente, la estancia se inundó de luz, el río de su amor se desbordó y el momento mágico, tanto tiempo deseado, pareció suspenderse en el tiempo...

Los ojos de la mujer estaban arrasados en lágrimas, entremezcladas de amor y de gratitud... En aquel instante pensó que valía la pena haber nacido... que si aquella dicha se prolongaba en la eternidad, ya conocía el cielo en la tierra... y que poco o nada le importaba lo que sucediera el día de mañana... Luego la invadió un llanto agradecido y convulso, y al mismo tiempo que lo besaba con infinita ternura, sus labios repitieron una y otra vez el nombre de su amado...

lunes, 18 de junio de 2012

EN MEDIO DE UN "TE QUIERO"...

La lluvia cae lentamente sobre mí, tan fría, enjuagando las postreras lágrimas, amargas, de mi soledad, a la vez muda y sonora... No sé cuanto tiempo llevo paseando, triste, por las calles de Madrid, en una tarde, gris, de agonizante otoño, y los árboles, desnudos, muestran a la muerte sus mejores galas... con algunas hojas, rojas, en la punta de las ramas...


El Retiro es el escenario de mis soledades, de mis paseos por senderos olvidados, de fugaces encuentros con las últimas ardillas, y con los córvidos, y las palomas, y gorriones... Con tanto tiempo haciéndonos compañía, tantos meses de repetir el mismo itinerario que hice contigo, ya me conocen, aceptando mi presencia en el bosque secreto, y amante...


¿Cuántas veces repetiré el mismo trayecto, en el mismo autobús apestoso y atestado, para comulgar con aquella masa de gente, que sube en mi parada a las tres y cuarto? De tantas veces, el mismo conductor, tan serio con los demás, me saluda amablemente con la cabeza, y me sigue con la mirada, y no arranca hasta que no me he sentado...


Y me bajo a la misma hora, en el mismo sitio, en la Plaza de la Independencia, y noto que él, tan callado, me sigue con la mirada hasta que, bordeando un breve trecho la verja, encuentro,como siempre, el acceso... Y entonces, me vuelvo, le sonrío, y él arranca el autobús, cuyo motor parece gemir un "hasta mañana"... y se va, repartiendo humanos, por toda la ciudad...

Es un paseo melancólico, preñado de recuerdos, tristeza y soledad, el que emprendo cada tarde, vestida con ropa sobria, pues gris negro y blanco se han convertido en mis únicos compañeros, y no quiero saber ya nada de rosas, fucsias, rojos, verdes, azules... ni de cualquier otro tono que me pueda recordar la vida que me fue arrebatada, y por la que jamás obtendré venganza... Nunca...

Pues de nada me sirve compartir el dolor, la ira, el odio, la tristeza y la rabia con las otras personas que al principio, sí venían a este extraño lugar, el Bosque de los Ausentes, y que en verdad parece un cementerio, en contraste con la Rosaleda... Y aunque todos llorábamos, el dolor no es una cosa que se reparta o exprese por igual... Y de todas formas, todos íbamos, todos seguíamos viajando en ese tren...

Tú ni siquiera tenías que haber cogido el cercanías, aquella mañana del once de marzo, jueves de sangre, te quedaste a jugar con la play en casa de tu hermano, y cogiste aquél tren para ir a trabajar, y me llamaste, entrando casi en la Estación de Atocha... a salvo...

Y tu voz se quebró en medio de un "te quiero"... 

Y no me hizo falta saber nada más, pues lo sentí, aquél helor esparciéndose desde mi corazón...

Como tantas otras personas, una voz amable
me dijo por teléfono lo que le había pasado a mi marido... y del resto, no me acuerdo, tantas personas dándose el pésame, llorando, tanto dolor acumulado bajo las carpas, en las gradas, tantos voluntarios con buenas intenciones, tantos políticos pululando en medio de sus escoltas,
tantas lágrimas, a la vez reprimidas y empujadas...

Y llegó y pasó la gran manifestación del día doce, 
a la que asistimos muchos familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, de gimnasio... Y entre tanta gente, de esos millones de vivos, también caminaron ciento noventa y dos muertos... Lo sé porque te sentí a mi lado, amor mío, tu beso... Y hoy, como cada tarde, deposito una rosa roja, al pié de tu ciprés... en el Bosque de los Ausentes...


LA CANCIÓN DE LA LLUVIA...

Cada vez que piensas en mí... lo siento... Aquella vieja energía que recorre mi cuerpo... Los viejos y locos sueños de la infancia... Cuando todo era mucho más sencillo...

Tantas mañanas ansiando la lluvia, para sentir su frescor en el cuerpo, que pegase mi camisa blanca de uniforme, y formase una segunda piel mojada... Solo para sentirme mucho más viva, especial... por nacer desde dentro...

Ahora soy demasiado mayor para esas cosas, lo hice un par de veces... y me miraron mal... con mi larga melena negra, y la blusa blanca, y aquél sujetador negro que tanto te gusta... trasparentándose bajo la tormenta... Mientras yo me reía del mundo, de todos los demás peatones que buscaban refugio bajo los porches o en las marquesinas de los autobuses... Hacía mucho tiempo que no me sentía tan insultantemente libre...

Recibir el beso de la lluvia, sus húmedos secretos, es recuperar la inocencia de otros tiempos...
La última vez que nos pilló la tormenta, terminamos empapados, corrimos a tu casa, y bajo la ducha caliente enlazamos los cuerpos, y la cama fue nuestro campo de batalla...

Por eso, ahora, cuando llueve con fuerza , te recuerdo, te añoro, te echo de menos, y siento que tus manos me recorren, desvelando secretos de amantes...

viernes, 30 de marzo de 2012

DE LO EXQUISITAMENTE IMPERFECTO...


Nunca he creído en la perfección, ni que fuera deseable... Dame un ser perfecto, y tendrás al más aburrido del universo, porque nunca hará nada para intentar mejorarse, ni tan siquiera para permanecer inalterable en el tiempo y el espacio... Enséñame una mujer que, por sus exquisitas curvas y rectas, alcance el rango de Diosa del Olimpo, y yo desvelaré para ti la muestra de mil y una cirugías, composturas, arreglos...

No me gustan las mujeres ni los hombres recauchutados, y por eso, sospecho, recelo, investigo, husmeo, hasta que detrás de tanta capa superpuesta de absoluta y aparente belleza, encuentro demasiadas veces almas muertas, cascarones vacíos carentes de todo interés, salvo el puramente estético... ¿Quién desea despertarse, mes tras mes, año tras año, al lado de una muñeca de plástico, con labios al "botox" y párpados de colágeno planchado?¿Y más aún sabiendo que nada en ella es auténtico, verdadero? ¿Que cuando la conociste, tenía una 85-B... y ahora una 110?

Y lo que es peor... siendo consciente de que por ti, siempre pasará el tiempo... Y que al final, tendrás que someterte, tú también, a los dictados del bisturí... Unas veces, para implantarte pelo, cabello a cabello, en una lucha perdida de antemano contra la gravedad, y contra el tiempo... O teñirte el pelo de color negro ala de cuervo... Otras, para quitarte arrugas, patas de gallo, surcos provocados por la risa... Torturado por monitores sádicos, o gastando enormes cantidades de dinero  Y terminarás siendo tan falso como ella... Y tendrás una cara tan maravillosa que en tu funeral, podrá asumir que de verdad estás muerto... Incluso los pequeños gusanos, mientras devoran lentamente tus restos, tendrán que ir apartando, como en el caso de tu señora, lo natural de lo artificial, lo genuino de lo adulterado...

Por eso, cuando la ví por primera vez, durmiendo tranquilamente en el vagón del Metro, tuve ciertas dudas sobre ella, para mí era perfecta... y lo sigue siendo... Pues nuestras miradas se cruzaron al entrar en la estación, y pisamos juntos el andén... Allí, nuestros caminos se separaron durante un tiempo... Media hora, más o menos, pues tú eras la nueva compañera de quien me habían hablado, que se incorporaba desde la sucursal en La Moraleja...

Y yo me sentía confuso, intimidado, a pesar de tu cordialidad, de tu buen carácter, de tu hermosura, del interés que ponías en aprender las peculiaridades del centro, del trabajo... Pero yo seguía estando inquieto, porque tú encarnabas perfectamente mi ideal de mujer: morena, ojos negros, pelo largo, labios turgentes, nariz pequeña, una noventa de pecho, piernas largas y torneadas...

Eras casi demasiado perfecta para ser real... o al menos, recomendable... Por eso, hasta que no pasaron dos semanas, y no viniste al trabajo con una blusa un poco escotada, y te inclinaste sobre mí, no pude ver el dulce secreto que escondían tus senos... Pues allí, justo en el limbo entre la copa y tu níveo pecho izquierdo, asomaba un lunar negro... Y yo me quedé prendado de él... pues en ti, era el detalle exquisitamente imperfecto que, sacándote del Olimpo de las diosas, te volvía perfectamente humana... Y no pude evitar que mis labios se fruncieran en una gran sonrisa...

POR UN PUÑADO DE CARTAS...


Esta noche he soñado... que no me amabas... Y me desperté temblando, y llorando a la vez, de soledad, y te busqué, al otro lado de la cama... pero no estabas... Sueño o realidad, en el fondo, nada más importa... Cuando se trata de sentimientos, de pasión y de amor... En silencio, caminé hacia el corazón de la noche, por la casa desierta, buscándode... y allí estabas... llorando, en la cocina, y tus lágrimas caían en la taza, enfriando la mezcla de tila, mejorama, menta y poleo... Te miro, en silencio, desde la puerta del comedor... Tienes la cabeza gacha...

Y sobre la mesa, estaban aquellas cartas... que jamás tendrías que haber descubierto, puesto que me las escribió otra mujer, mi gran amor, perdido, imposible, y no por ello, menos valioso... Siempre las guarbada en el mismo sitio, en el archivador de la Renta, y muchas tardes, las releía... Era una manera de sentirla más cerca, de imaginar incluso su presencia, su respiración, tan suave, que ni siquiera movería la más liviana de las plumas de una paloma... y de recrear sus besos... de aquella otra mujer, que alimentaba mi alma...

Tengo ganas de abrazarte, de besarte, y tocarte, para que sepas que estoy aquí, contigo... pero no hago nada... Simplemente, me quedo quieto...

¿Cómo explicarte que mi corazón siempre ha sido demasiado grande, para que tú pudieras llenarlo, con tus ausencias, y tus presencias? ¿Cómo decirte que siempre te he sido fiel, que ni siquiera nos hemos besado?¿Que solamente a vosotras dos os he entregado mi corazón y mi alma?

Y, sin embargo, allí están las cartas... Lo sé, tendría que haberlas destruído hace tiempo, pero nunca encontraba el momento, la ocasión, ni las fuerzas... Las he guardado por nostalgia, y al mismo tiempo, quizás para que tú las encontraras, en algún momento, durante alguna de tus posesivas búsquedas, en pos de aquella rival desconocida, cuyos rastros te empeñabas en notar en mi ropa, en mi corazón, o en los pequeños detalles que nos dan la vida...

Seguro que incluso tenías una lista de candidatas, entre mis compañeras de trabajo, algunas vecinas, compañeras de gimnasio, de estudios... Y por eso, por empeñarte en buscar tan lejos, ni siquiera la viste, aunque tantas pistas apuntaban hacia ella... Las veces que nos íbamos juntos de paseo, al Retiro, al Juan Carlos 1º... Cuando nos acompañaba al cine o al teatro... Durante las vacaciones de verano, en Asturias... En Nochevieja... En las fiestas de cumpleaños...

Dicen que el roce hace el cariño... y supongo que tienen razón, porque eso es precisamente lo que nos ha pasado... a los dos... y así me enamoré también de ella... de tu hermana pequeña... Y ahora, me siento mal, puesto que seguramente te empeñarás en re-escribir toda tu vida, conmigo... en poner en duda mis sentimientos, mi amor por ti... y también querrás sospechar de cada momento que he pasado con ella, a solas... Sé que es muy difícil admitirlo... por eso te dejo sola... llorando... con el triste puñado de cartas...

Porque tampoco me atrevo a decirte que, por el amor que los dos sentíamos hacia ti, hemos sacrificado nuestros sentimientos, nuestros sueños... Que, amándonos con locura, jamás nos hemos amado realmente, para no traicionarte... Y que, por no sufrir viéndonos juntos, ella decidió irse... Pero, de todas formas, yo no podía seguir así, por más tiempo...
 
Y por eso, me vuelvo a la cama, y te dejo a solas, releyendo aquellas cartas, cuyas palabras recuerdo de memoria, y en las que me sentí amado... por una mujer que, de alguna forma, era una prolongación de ti misma... 

Puesto que, no en vano... mi gran amor ha sido siempre... tu hermana...
 

UN PEQUEÑO VIAJE DE NEGOCIOS...


Nunca he tenido demasiados problemas en contar historias, y precisamente hoy, cuando estamos solos por última vez, no tiene demasiado sentido el que me ande con remilgos, ¿verdad? Los putos convencionalismos, el "qué dirán", siempre ahí, siempre pendientes, dispuestos para exterminar cualquier sentimiento poco "ético", poco "correcto"... y si a continuación metemos la "moral", soy capaz de vomitar...


Tantos años juntas, tantos viajes, tantos cines, tantas experiencias, tanto trabajar juntas en la misma empresa... y al final resulta que es contigo con quien he pasado algunos de los mejores momentos de mi vida... Pero tú solamente me has visto como amiga... Y yo a tí... al menos, hasta esta noche... Supongo que es algo que tenía que suceder, ¿verdad? Y no me arrepiento de que haya sucedido precisamente esta noche, cuando hemos tenido que coger la única habitación de hotel que estaba libre... y era precisamente una con cama de matrimonio... Y chimenea... Por supuesto, ninguna de las dos pensaba que algo podría llegar a suceder entre nosotras, que pasamos la adolescencia compitiendo por los mismos chicos, por las mismas ropas, los mismos sueños... Y aquí estamos las dos, mientras tú duermes desnuda entre las sábanas, y yo te contemplo desde el balcón abierto... Creo que nunca antes una mujer me había parecido tan hermosa como tú, juego de luces y sombras sobre las sábanas... Quisiera que esta noche no terminase nunca... pero dentro de pocas horas regresaremos a la rutina, al trabajo, a nuestras "pequeñas familias perfectas", incluyendo hijos, perros y gatos... y lo que hemos compartido será un sueño de una noche de Otoño...

Las negociaciones para conseguir la nueva cuenta de publicidad nos llevaron más tiempo del que pensábamos, y al final resultó que no era posible volver a Madrid en el día... El cliente, una importante marca de cosméticos, deseaba a toda costa que le expusieramos la nueva imagen de la empresa, los nuevos espots sobre los que llevabamos tanto tiempo trabajando (casi tres meses), durante una comida "informal" en su oficina, que trajeron directamente desde el mejor restaurante de la ciudad... Al final, lo conseguimos, incrementando nuestro porcentaje de beneficios... Y tú te empeñaste en celebrarlo "a lo grande", aprovechando los tratamientos especiales de relax y belleza del hotel... aunque eso implicase asaltar literalmente la sección de bikinis del centro comercial, y comprar al mismo tiempo ropa interior, camisones, medias, cepillo de dientes...

Después de una jornada tan intensa, fue una auténtica maravilla el meterse en la serie de piscinas que, durante una hora y media, configuraban el circuito termal... y con las distintas temperaturas, burbujas, efectos, yo iba notando que desaparecía el cansancio de mi cuerpo... y del tuyo... pues incluso eso se nota siempre en tus inmensos ojos negros (y tu pelo rubio), que representan un contraste tan grande con mis ojos verdes (y mi melena negra)... Tal vez por eso funcionamos tan bien en equipo, porque nuestra personalidad, nuestra inteligencia, se ve potenciada cuando la gente se guía solamente por nuestra belleza... Vale, es cierto, con tanto tiempo viendote a mi lado, con ese exiguo bikini que tan poco espacio dejaba a la imaginación, yo me preguntaba si llevarías las ingles brasileñas, o las integrales... Ahora lo sé... Pero fue sobre todo durante el masaje con chocolate tibio, cuando nos desnudaron a las dos sobre las camillas, separadas escasamente por un biombo de lino, y mientras notaba esas manos de mujer que recorrían mi cuerpo sin vergüenza ni tabúes, pero al mismo tiempo sin un ápice de deseo, fue entonces cuando imaginé lo que sentiría si fueran las de otra persona, las de mi marido... o las tuyas...

Lo único malo de ese tipo de masaje, es que después se hace imperiosamente necesaria otra ducha... y un cuarto de hora en el jacuzzi, de agua caliente, contigo bien cerca... Y subimos a la habitación... Alguien, después nos enteramos de que fue el cliente, ha pensado en obsequiarnos con un pequeño aperitivo, con jamón serrano, distintas clases de quesos, de embutidos, y una botella de excelente cava catalán y otra de vino de Rueda, y un cesto de fresas... Como las adolescentes que en el fondo seguimos siendo (aunque con algunas patas de gallo, vale, y alguna pequeña estría por los embarazos), no nos molestamos en vestirnos, el albornoz, ligeramente perfumado con el olor de la canela, nos parece suficiente ropa... Acercamos la mesita a la cama, y nos tumbamos sobre ella... Desde allí, vemos el paisaje exterior, algunos pinos, los prados, las colinas más allá, y en el horizonte se perfilan las primeras estrellas... Entre risas, recordando viejos momentos, otras situaciones, otras personas, vamos comiendo tranquilamente, aquella noche cenaremos en la habitación, no hay prisas, estamos relajadas... Todo empezó con las fresas... bueno, y con el vino... afrutado, con ese deje rústico, cálido, suave... que tan bien pegaba con el surtido de ibéricos... Nosotras, que no solemos beber, disfrutamos gustosamente con lo que se nos ofrece... Pero cuando llegamos al cava... y a las fresas...

Al beber, te atragantas, a media carcajada... y el cava, brillante, espumoso, empieza a correr entre tus senos, estás tumbada boca arriba, con el albornoz blanco escasamente ceñido sobre la cintura... Y algo has visto en mi mirada, algo has sentido en mi interior, y en tu interior, latiendo, palpitando, pues suavemente has inclinado mi cabeza sobre tu pecho, orientandola dulcemente para que pudiera beber el cava derramado... Y así lo hice, sin pudor alguno, como si fuera lo más natural del mundo entre dos amigas que llevan toda la vida juntas... Pero no nos quedamos allí, mis labios, sedientos de tí, han ido apartando los pliegues de tu albornoz, hasta dejarte, desnuda, anhelante, ligeramente nerviosa sobre la doble capa de la gruesa colcha, con tu cuerpo bañado por la doble luz del fuego y de la luna y las estrellas... Tu cuerpo jamás me ha parecido tan hermoso, quizás porque aquella noche, no te miraba solamente como una mujer, sino como una amante... Pero antes de hacer cualquier otra cosa, te has asegurado de dejarme también a mí, desnuda, tendida a tu lado, convertida en una maraña de deseos, de pensamientos, de ideas... Y especialmente, con hambre de sentir, de experimentar...

Durante unos minutos, simplemente nos mirábamos, sin hacer nada, comparando, quizás, de manera incosciente, las diferencias, y los parecidos, entre nuestros cuerpos, las huellas que había ido dejando en ellos el tiempo, la cicatriz de mi apéndice contrasta fuertemente con la de tu rodilla (ese menisco cruzado...), alguna que otra estría del embarazo de Pablito... Incorporándote levemente, mi 85-B se queda pequeña frente a tu 100-B, y entonces eres tú quien, con ese brillo tan especial en los ojos, viertes un reguero de cava desde mis pechos hasta mi monte de venus (aquella noche, sobre todo, me alegré de haber hecho caso a mi marido, depilándome por completo)... y en cuanto empecé a sentir tu lengua, tus labios, tu boca entera sobre mis pechos, y mil roces y caricias, creí enloquecer, no solamente por lo que me estabas haciendo, sino por quién eras, por todo lo que representabas para mí... Y llegaste a mi monte de venus, y empezaste a escalarlo, lenta y concienzudamente, vertiendo ocasionalmente unas gotas de cava, que se abrían paso hacia dentro, y se mezclaba con mis orgasmos... hasta que finalmente, con una brutal erupción y un poderoso gemido que intentaste vanamente de contener entre mis labios con tus dedos, descansé unos minutos...
Antes de empezar a amarte...

Ha sido una noche mágica, especial, dos amigas, dos viejas amigas, que descubren, juntas, que todavía les queda mucho camino por delante, muchas cosas por hacer, por sentir, por experimentar... Jamás, insisto, Jamás he gozado con ninguna otra persona como durante estas horas... He recorrido tu cuerpo, cada centímetro, con la lengua, con los labios, he bebido en tu copa el cava, hasta que se termiñó... y con la precaución de no manchar mucho, he derramado sobre tí un chorro de chocolate tibio, desde tu mano derecha hasta tu pie izquierdo... y mi lengua, juguetona, no ha dejado nada... Y he repetido.... Han sido varias horas, de juegos, de caricias, de explorar con todo el cuerpo y con toda el alma, el cuerpo y el alma de otra mujer, entre besos de mariposa, y besos largos, profundos, febriles, ansiosos... y algún que otro chupetón difícil de justificar, me temo...

Y tú duermes... y yo desearía poder acurrucarme a tu lado, y disfrutar de tu cuerpo,, y detener el tiempo, y congelar la noche, para volver a disfrutar otra vez de tí... Y tú de mí... No, no quiero dormir, quiero memorizar cada lunar, cada minúscula arruga, trazar el mapa de tu ser... Pues tengo miedo de que estas horas doradas desaparezcan... Pero mejor dejo ya de pensar...

Acabas de abrir los ojos, y me has mirado, y la magia reside en tu ser... Y me tiendo a tu lado... Mientras mi cuerpo, desnudo, se funde con el tuyo, bajo las sábanas... Y las dos tenemos la misma sonrisa cómplice... porque nos hemos dado cuenta de que hoy es sábado... y realmente el mundo no se va a parar porque nosotras dediquemos algunas horas a estar juntas... a disfrutar de nosotras... de la sauna, de la cura de relax, del circuito termal... y hasta el domingo por la tarde (una de las primeras cosas que hemos hecho esta mañana ha sido ampliar la estancia) todavía nos queda mucho tiempo para el placer... Pues posiblemente, nadie hay mejor para saber dar placer a una mujer... que otra mujer... Y por eso mismo, sin haber dicho ninguna palabra (¿los pequeños gemidos de placer se consideran palabras?), tenemos bastante claro que ocasionalmente, lo dejaremos todo atrás, para realizar un pequeño viaje de negocios... y seguir explorando... los mundos de Safo...

lunes, 19 de marzo de 2012

UNA CRIATURA ANGELICAL...¿O NO?

Ella...

Me gustan los ojos grises, y las miradas con ese toque de picardía, de inocencia, que al mismo tiempo te hacen sentir único en el planeta, por no decir en el Universo, cada vez que te miran... Me sobrecoge encontrármelos así, en la pantalla, después de tanto tiempo... Y recordar al mimo tiempo su hermosa, perfecta, exquisita nariz... Sus finos y cárdenos labios... Y sus dientes, tal vez un poquito grandes o desparejos... Toda ella era la belleza de lo levemente imperfecto... tal y como era cuando nos conocimos...



Por supuesto, como experimentado buscador en la red de fotos para ilustrar mis relatos y mis cuentos, sabía que había una ínfima posibilidad de que surgiera precisamente esto, que alguien subiera a cualquiera de las bases de fotos una de las suyas... y que al introducir los parámetros "chica morena con ojos grises", volviera a aparecer en mis pesadillas, o que sentiría de nuevo la terrible ansiedad, de esas que te oprime el corazón y parte de los pulmones... Pero así ha sucedido, hace una semana... Y ahora, no me queda más remedio que contaros su historia... o tal vez, nuestra historia... Eso es algo que debéis juzgar vosotros mismos...


Michaela y Mr. Arthur

Fue durante el último verano que pasamos, toda la familia, en la playa, en agosto de 1988, en la playa de Cullera... Éramos un poco la familia Telerín: papá, mamá, el abuelo, mi hermana, y yo... bueno, además de dos maletas de libros, las sillas de playa, la sombrilla y mil cosas más que se pueden acarrear para quince días en la playa... Por aquél entonces, la costa no la habían explotado en exceso, y en algunas zonas, sobre todo si escogías bien la orientación, podías disfrutar de amplias extensiones de arena, con algunos juncos y cañas de aditamento, y, por supuesto, el mar... Claro está, para disfrutar de aquellos momentos de tranquilidad, de tener cielo, mar y tierra para ti, era necesario madrugar un poco... Me gustaba pasear, y sentirme un poco el único adolescente vivo, o tal vez el último, cualquiera sabe...



Y de repente, al margen del ruido de las máquinas de limpieza de la playa, la veo a ella, sentada sobre la arena blanca, con su biquini negro... Justo en ese momento, un rayo de sol perforó la capa de nubes y fue a caer, no justo donde estaba ella sentada, sino a unos metro de distancia, sobre las olas del mar... Yo, tímido hasta la muerte, por no variar, me quedé parado, mirándola... primero de lejos, y luego un poquito más de cerca... Me alegré de llevar puesta la camiseta, de Pink Floyd, unos bermudas que me sentaban bien, además de un libro bajo el brazo, "Los hechos del Rey Arturo", de John Steinbeck... y por supuesto, las gafas de sol... Yo iba caminando por el borde de la arena, con los pies metidos en el agua, por lo que ella sabía perfectamente que yo me estaba acercando... Y al pasar delante de ella, levantó la cabeza, y vi su cara... No hace falta que os diga más cosas, porque es justamente la foto del comienzo...



Al principio, no intercambiamos una sola palabra, tan solo una tímida sonrisa... Pero en ese momento no me atreví a decirle nada, y seguí mi camino, mientras interiormente me llamaba de todo ("imbécil, bobo, pasmarote, botarate... para una chica que realmente te llama la atención, y pierdes de esa manera la oportunidad..."), hasta que unos pasos más tarde, me decidí a dar la vuelta, arrodillarme a su lado (para que no la deslumbrase el sol) y cogerle la mano derecha, al mismo tiempo que le soltaba la frase de las frases (patentada): "Perdona... he tenido que volver, para comprobar que eras real..." El caso es que le hizo la gracia la frase, funcionó... Y me indicó que me sentase a su lado, sobre la arena, mirando el mar...


Aprovechando el relativo anonimato de las gafas de sol, su cuerpo ligeramente bronceado, sin una partícula visible de grasa, al menos, para mí, era perfecta... Y cosa curiosa, su voz acompañaba su aspecto: era de terciopelo, armoniosa... Y lo primero que me dijo fue... "Me llamo Michaela, ¿y tú?" No supe qué responder, me quedé literalmente en blanco... hasta que ella volvió a hablar... "Si te causa tanto efecto conocer mi nombre, Mr. Arthur... mejor no te doy un beso..." El resto, os lo podéis imaginar: tenía mucha experiencia con las mujeres... pero siempre como amigo fiel... Me puse bastante rojo... vale, muy, pero que muy, rojo (maldito semáforo de las emociones)... Ella se rió otra vez... Y yo me quedé, al menos esa mañana, con el mote de Mr. Arthur...



No estuvimos mucho tiempo juntos, ni tampoco hablamos demasiado, simplemente, nos quedamos un buen rato allí, sentados el uno al lado del otro, mirando el rielar del sol sobre el agua de la orilla... Serían las diez de la mañana, y algunos madrugadores y estaban ocupando sitio en la playa con sombrillas y tumbonas, cuando ella me invitó a dar un paseo, hasta la escollera, que quedada a unos tres kilómetros de distancia... En movimiento, Michaela era incluso más bella que sentada, porque se ponían en evidencia cada uno de los músculos de su cuerpo, y no pude (ni quise) evitar que me adelantara unos metros, para poder deleitarme con su hermoso culo... Por supuesto, ella se dio cuenta de mi maniobra, pues me dio un manotazo en la mano, al tiempo que me decía: "Vamos, perezoso... que ahora te toca a ti abrir la marcha..."



Silencio compartido, eso es lo único que se me ocurre para describir aquellas horas... Hablamos lo justo, sobre nuestros intereses vacacionales, algo de literatura, un poquito de cine, me mis estudios de Periodismo, pues aquél otoño yo empezaría la carrera, de su penúltimo curso en el Instituto... Yo suponía que su familia estaría cerca del Hotel Delfín, y que en aquél punto se terminaría nuestro paseo, y no se me ocurría ninguna manera de demorar el momento... Y en efecto, cuando ya podíamos ver de nuevo el hotel, me dijo: "¿Tienes un boli? Es para apuntar tu teléfono..." Afortunadamente, llevaba uno, para escribir algunas postales a los amigos, y una de ellas sirvió para apuntar todos mis datos...



Nos despedimos hasta la mañana siguiente, en el mismo lugar y hora, pues cada uno había quedado con su familia para pasar el día... Aquella jornada fue extraña, yo estaba muy nervioso, algo distante con la familia, y aunque me recorrí la playa entera una vez más, no pude verla... Y lo mismo sucedió a la mañana siguiente... No acudió a la cita, y estuve toda la mañana buscándola por la orilla del mar... aunque estaba convencido de que jamás volvería a verla...









Entreacto



Un par de semanas después, cuando ya estábamos de regreso en Madrid, recibo una postal de Michaela, la misma que le dejé para que escribiera mis señas... "Hola Mr. Arthur. Lamento haberte dejado plantado. Tuvimos que volver a casa, mi abuela había muerto. Te dejo mis señas por si quieres escribirme: Michaela N. (y una dirección de Viena). Besos."



Dejé pasar una semana, sobre todo por el orgullo herido, aunque desde el mismo momento en que recibí la postal, no hacía más que pensar en ella... En su ciudad, que conocía a través de libros, documentales, y sobre todo películas como "El tercer hombre"... En ella... porque curiosamente, mi obsesión era imaginarla vestida, y me preguntaba qué tal le quedarían unos vaqueros, una camiseta y unas bambas (bajo ellos, que se pusiera lo que prefiriera), pues realmente, el bikini negro dejaba poco lugar a la imaginación...

Dosificar, esa era la alternativa, lo único que podía hacer, pues aunque había sido una mañana muy interesante, ni siquiera la conocía lo bastante para hacerme una idea de mis sentimientos hacia ella... No hay que olvidar un detalle importante: yo era, y sigo siendo, un romántico incurable, enamorado del amor, pero que jamás había sido correspondido... Tal vez por eso, lo que podría no haber pasado de un intercambio de postales, terminó significando mucho más, para los dos.



Un par de veces al mes, intercambiábamos cartas, sobre nuestras vidas, las familias, la literatura (que siempre jugó un papel importante entre nosotros), el cine, los viajes... Era una sensación extraña, el esperar una carta especial en el buzón, el ansia, la curiosidad... Con la tercera carta, me mandó una foto suya... y dejó de obsesionarme el imaginarla vestida: llevaba un jersey de manga larga a rayas azul y blancas, una falda vaquera corta, y unas bambas blancas... ¡Qué hermosa estaba! Me costó mucho encontrar una foto mía equivalente, tanto que al final le pedí a mi padre que me hiciera unas cuantas, para poder escoger... Durante varios años, las dos fotos fueron compañeras en el tablón de corcho de mi cuarto... Mientras que seguíamos acumulando cartas, pero sin tener posibilidad alguna de vernos en persona... Nosotros dejamos de ir a Cullera al empeorar mi abuelo, y en cierto modo me acostumbré a pensar en Michaela como una amiga especial, un ser querido, pero que no volvería a cruzarse en mi vida...



¡Qué equivocado estaba!



Del aeropuerto al Prater.



Habían pasado cuatro años desde aquél primer y único encuentro, cuando una tarde de jueves, al coger el teléfono pensando que se trataba de una nueva cita para mi padre (tenía su consulta de medicina en casa), me llevo una enorme sorpresa al escuchar una voz, vagamente familiar, que me dice: "Buenas tardes, Mr. Arthur..." Al principio, no entendía demasiado bien lo que estaba pasando... pero luego, me acordé de ella, y sobre todo de un pequeño detalle: que le di mi teléfono en la primera postal... Era ella, Michaela, quien me llamaba en aquella ventosa tarde de jueves del mes de marzo: su familia se iba de viaje a Zambia la semana que viene, y por aquellas misteriosas correspondencias de vuelos, se quedarían casi cinco horas en Barajas. Nos veríamos, por lo tanto, en el punto de encuentro de Aeropuerto de Barajas, a las tres de la tarde...



No tengo muy claro lo que yo esperaba, porque durante todo aquél tiempo, mis sentimientos hacia Michaela se habían suavizado en gran medida, y la amistad se había fortalecido, otras fotos habían aparecido después de la primera, y a través de ellas, podía ver los cambios que se habían ido produciendo en su cuerpo y en su cara, la manera en que se había convertido en una auténtica preciosidad de mujer... Aunque de todas formas, ninguno de mis preparativos me sirvió de nada cuando, habiendo llegado al lugar de la cita con casi veinte minutos de adelanto, de repente noto que alguien se me acerca por detrás y me tapa los ojos con las manos, al mismo tiempo que una voz dulce pero con el toque justo de angostura me susurra en el oído: "¿Buscas a tu Ginebra, Mr. Arthur...? Quizás yo pueda ayudarte..."



Suavemente, retiro sus manos de mis ojos, me doy la vuelta muy despacio, y entonces la veo, por primera vez en tantísimo tiempo... Michaela... Yo tenía veintitrés años, ella era tres años menor, y por aquellos misterios de la evolución femenina, había crecido más de cinco centímetros, y su cara y su cuerpo habían perdido la molicie de la adolescencia... Por lo tanto, fue toda una hermosa mujer, igual de alta que yo, quien se erguía delante de mí, con su salacot beige, pantalones, camisa y chaleco a juego, y unas impresionantes botas de campo... De repente, era yo quien parecía inmaduro y poco sofisticado, vestido completamente de negro, con perilla y bigote estilo bohemio... y un enorme oso de peluche con pajarita bicolor, envuelto en papel de regalo... Sí, lo sé, no es demasiado recomendable regalar un osazo de peluche a alguien que viaja en avión... pero de todas formas, volvería a hacerlo, pues mi recompensa fue un abrazo y un beso con el que llevaba soñando durante tantos años...



Por si no me encontraba ya lo bastante desarmado por aquél abrazo y aquél beso, Michaela me hizo sentir algo incómodo al presentarme a las personas que habían presenciado nuestro encuentro desde una distancia prudente: su padre, su madre y su hermano mayor, cuyos nombres prefiero no citar aquí... El oso, que evidentemente fue bautizado como Mr. Arthur, se quedó con ellos, mientras que nosotros nos fuimos a merendar y a dar una vuelta por el aeropuerto... Teníamos hasta las siete de la tarde, para estar juntos... Y, lo mismo que en la playa, comenzamos a caminar, sin rumbo fijo, mas acercándonos al salón panorámico de la planta superior... Nos sentamos allí, al cabo de un rato de observar nuestro entorno, y volví a coger su mano... Parecía pequeña y suave al tacto, pero al mismo tiempo, llena de fuerza... Me gustaría poder decir que fueron unas horas de pasión entre las sábanas de un hotel, que descubrimos que no queríamos separarnos, y que planeamos una estratagema para que Michaela se quedase una temporada en Madrid... Pero, como es una historia real, no puedo mentiros...



Sí, estuvimos solos, o prácticamente, en aquél salón del aeropuerto, y más tarde en la cafetería, y terminamos paseando incluso cogidos de la mano por la terminal nacional... Sí, es cierto que nos besamos en tres ocasiones, pero dos de ellas fueron en las mejillas, y la tercera, uno de esos lánguidos besos en los labios, con la boca entreabierta lo justo para un fugaz encuentro de lenguas... Sí, ella estaba tremendamente atractiva incluso con aquella ropa de safari fotográfico... y yo, que seguía "compuesto y sin novia", me pregunté seriamente si no iba siendo la hora de dejarme de tonterías, ponerme a trabajar en serio, y ahorrar para ir a verla a Viena... Entre brumas guardo todos aquellos recuerdos, palabras, pensamientos y sentimientos... Durante aquellas horas, fui más feliz, a su lado, de lo que jamás había sido con nadie, ni siquiera la chica de Logroño que tanto me importaba...



A las siete menos cinco de la tarde, ya estábamos de nuevo en el punto de encuentro, donde la presencia del oso de peluche delataba la de su familia... Y Michaela soltó mi mano, para darme, en presencia de los suyos, otro tremendo abrazo, y otro beso, en los labios... Nos despedimos, estreché las manos de sus padres y su hermano, y les vi marcharse, de nuevo, hacia la zona reservada a los viajeros en tránsito... Me hubiera gustado irme tras ellos, no sé, llevarme otro beso de recuerdo, hacer algo, cualquier cosa... Pero me limité a quedarme allí, como un pasmarote, admirando una vez más su hermoso trasero... y como si ella pudiera darse cuenta de lo que estaba mirando, se volvió hacia mí unos momentos, con ese gesto universal de "te la vas a ganar...", que me hizo ponerme intensamente colorado... Y ella se puso a reír...



Dos años después, nuestra clase organizó un viaje de fin de carrera, aunque más bien nos unimos a uno de paso de ecuador que estaban preparando unos chavales de medicina... Lo menciono especialmente porque una de las etapas del viaje por Europa en autobús (diez días de agotamiento, excesos, pocas horas de sueño y demasiado desfase en general) era precisamente una estancia en Viena de varias horas, con visitas concertadas a lugares de interés... Sin embargo, para mí lo único importante era que podría escaparme del grupo, y pasar un tiempo con Michaela... Le avisé de mi llegada con un par de semanas de antelación, pues desde nuestro encuentro en Barajas nos habíamos intercambiado los móviles, y quedamos delante de la Catedral, porque ella trabajaba cerca, y el autobús nos iba a dejar también en los alrededores... Apenas se abrieron las puertas, me lancé al exterior y casi me trago un ciclista... Lo importante es que llegué sin novedad a la Catedral, y en diez minutos, ella estaba entre mis brazos...



Decir que estaba guapa sería una falsedad... Estaba espectacular, con su traje de chaqueta de raya diplomática, la blusa blanca y los zapatos de tacón... Una auténtica belleza de veintipocos años (era el año 1994), con aquellos ojos grises increíbles, la melena temporalmente recogida en una cola de caballo, esa sonrisa fresca, su piel tersa, sin una sola gota de maquillaje, salvo el brillo de labios con sabor a cerezas... Es posible que de alguna manera, yo me hubiese enamorado de ella durante aquellos años de cartearnos, que el conocernos lentamente hubiera tenido algo que ver, no lo sé... Y también es posible que a ella le hubiese pasado algo parecido... En fin... solo os diré que aquella vez, sí que hubo sábanas de hotel y ducha compartida... Y que me faltó poco para perder el autobús... Michaela insistió mucho en acompañarme, y nos dimos un último beso delante de todo el grupo, que generó una tempestad de silbidos, que desaparecieron rápidamente por la tristeza de mi mirada...



Pues algo me decía que aquello había sido un adiós...



Nunca he visto el Prater... ni Viena...



Un trabajo peligroso.



Año 2008. Han pasado muchos años, durante los cuales Michaela y yo hemos seguido manteniendo el contacto, y la amistad, y quizás algo más... También nos hemos visto en distintas ciudades de Europa, nunca olvidaré aquella Semana Santa en París, y en varias ocasiones también hemos quedado para comer o cenar en Madrid... Sí, es una relación extraña, a distancia, estamos bien solos, pero también estamos mejor juntos... No nos hemos planteado demasiado el cambiar las cosas, formar una familia por ejemplo, puesto que los trabajos que he ido consiguiendo tampoco me lo habrían permitido... Somos dos amigos con derecho a roce, que llevan más de veinte años saliendo, pero con el suficiente miedo al compromiso por las dos partes para no plantearnos nada serio, y al mismo tiempo, seguir con algunas relaciones complementarias, de carácter muy esporádico...



Pero claro, eso fue antes de que yo averiguase cual era la profesión de Michaela... Su trabajo ha sido siempre algo etéreo para mí, lo bastante bien pagado para permitirla viajar mucho (en una caja de zapatos tengo sus postales desde Berlín, Viena, Estambul, El Cairo, Amberes, Bucarest, Tai-Pei, Hong-Kong y mil sitios que no sé ni cómo se escriben), mantener un elevado nivel de vida, hablar con fluidez seis o siete idiomas (entre ellos, el Afrikaans y el Chino), poseer una vasta cultura general... Nunca suele dejar la cartera al alcance de la mano, durante las noches, casi siempre, de hotel, que pasamos juntos, y cuando yo llego a la habitación, todo está impoluto...



Pero aquella noche del 28 de octubre de 2008, cometió un error: estaba enferma aquella noche, y en vez de hacer el amor y luego irnos a cenar, prefirió un baño relajante, y que nos subieran la cena a la habitación... Me gusta cuando los dos estamos desnudos, porque de esa manera, se desvanecen casi todas las diferencias de clase o de estatus, es una de las ventajas de la piel... Michaela se quedó dormida en la bañera, estaba muy cansada...



Yo tenía ganas de fumar, pero me había quedado sin tabaco, así que decidí curiosear en su bolso, para ver si ella tenía un paquete de Camel Lights que solía usar en sus reuniones de negocios... Y lo encontré, con un par de cosas que siempre terminaban en la caja fuerte del hotel o de la habitación: su cartera, su pasaporte, y su agenda... Movido por la curiosidad, hojeo el pasaporte, y me doy cuenta de que no es su nombre el que figura en la página adecuada... Y lo mismo sucede con los demás documentos de su cartera: están a nombre de una tal Liliana Steinbeck, de Berlín... Y el de Aïcha Goldman, de Estambul... Y un tercero a nombre de Jaine Barnald, de París... Con las dificultades técnicas que se supone implica el conseguir un juego de documentos falso, empiezo a preguntarme si durante todos estos años no habré estado enamorado de un espejismo, y si todo en nuestra relación no será igual de falso que sus papeles...



Recordando de repente algunos de los destinos de sus postales, encuentro las correspondencias de casi todos ellos en los pasaportes... Es un batiburrillo de países africanos ricos en materias primas y diamantes, y de ciertas ciudades europeas y asiáticas donde, por lo que recuerdo, existen unos selectos grupos de talladores ilegales, y de organizaciones capaces de blanquear hasta los más horrendos diamantes de sangre... También encuentro unos juegos de tarjetas de visita, con los mismos nombres, según las cuales trabaja para De Beers, y otras cuatro o cinco grandes firmas exclusivas de marchantes de diamantes y de joyeros... Por eso, comprendo, se mueve tanto por el mundo... Por eso se tiene que ir, a menudo con muy poco tiempo de aviso, de un país a otro... Por eso su familia se empeñó en realizar aquél viaje a Zambia... Solo quedaban dos opciones: o bien trabajaba para una organización policial internacional, o bien hacía justamente lo contrario, y organizaba el tráfico y blanqueo de diamantes de sangre...



Cuando estaba a punto de meter la agenda en su bolso, me siento observado, y al darme la vuelta, apoyada en el quicio de la puerta, envuelta dentro del enorme y mullido albornoz blanco del hotel... En su cara veo una expresión triste... "No teníamos que habernos visto hoy, Mr. Arthur, lo sabía... Pero también, que necesitaba verte... La prueba, por primera vez en tantos años, he cometido un error estando contigo... Un grave error, que debería traerte importantes consecuencias... Has visto demasiado, sabes demasiado sobre mis rutas, tienes demasiadas pruebas... Voy a regresar al baño, necesito relajarme... Cuando salga, por favor, no quiero verte aquí..."



Se dio media vuelta, y sin cualquier explicación, sin una mirada, se metió en el baño...



Y desapareció de mi vida... Hasta la semana pasada...



Epílogo...



Aquella fue una noche horrenda para mí, eran demasiadas dudas, demasiados recuerdos, momentos de pasión, cartas y postales desde nuestra adolescencia, toda una pirámide de letras, pequeños regalos, que se derrumbaba sobre mí, y me asfixiaba... ¿Quién era ella realmente? ¿Aquella niña hermosa, que me volvió loco desde el primer momento? ¿Aquella adolescente, vestida de Safari, que me besó en el aeropuerto de Barajas? ¿La hermosa ejecutiva con quien hice el amor en Viena? ¿La mujer de negocios, cuyo rastro podía seguir por todo el mundo, a través de sus postales, aunque yo siempre le escribía a un apartado de correos de Viena? ¿A qué se dedicaba realmente?



Me pasé toda la noche caminando sin rumbo fijo, por las calles de Madrid, pensando, recordando, sintiendo, intentando dilucidar alguna verdad, la que fuera, entre tantas mentiras... Y luego me fui directamente al trabajo... Aquél fue mi refugio, y mi familia... Dejaron de llegar las postales... y los correos electrónicos... Las dos cartas que le mandé a Viena me fueron devueltas, indicando en el sobre que "el abonado ha cancelado el servicio"... Y lentamente, me fui olvidando de ella...

Hasta la semana pasada... Al efectuar la búsqueda, de repente, me encuentro con su foto, que me trae buenos y malos recuerdos... Pero la noticia que la acompaña, extraída de la Agencia Reuter, es la que me causa un mayor impacto...



"Extraño accidente en un safari. La ciudadana francesa Jamie Barnald ha desaparecido, mientras efectuaba un safari fotográfico por la reserva de Hluhluwe-Umfolozi (Sudáfrica). Estaban recorriendo la zona noroeste, cuando se ha producido un corrimiento de tierras, que ha sepultado completamente el jeep. La señorita Barnald actuaba de enlace entre varias agencias mundiales, para erradicar el fenómeno del tráfico de diamantes de sangre de Sierra Leona, y había participado en diversas operaciones encubiertas, contra algunas empresas en apariencia legales. El cadáver no ha podido ser recuperado, al haber terminado el jeep su andadura dentro de un lago en el cual abundan los cocodrilos."



Al final, resulta que trabaja para los buenos... Por lo que todo, desde el accidente hasta la divulgación de sus actividades encubiertas, lo mismo que su silencio, puede que responda a otro objetivo, completamente distinto del que yo imaginaba...



¿Que cómo sé todo esto?



Porque hoy he recibido una postal desde París... Con su letra...



"Mr. Arthur... Tres de junio, haciendo el oso, 20:00."

CONTESTADOR AMADO MI



FIN.


Por eso, cuando oigo su voz... cuelgo...


No puedo arriesgarme a perder la magia, a que todo termine de esa manera...


"Sí, digame... Buenos días..."


Pero hoy es distinto, no escucho a mi amado contestador... Responde ella, con esa voz tan dulce que encanta mis sueños, que me roba el alma desde la primera vez...


Las 15:20... todavía unos minutos... las 15:23... ya falta menos... las 15:30... hora de llamar...

Pasan los días.... y las semanas... pero yo sigo fiel a mi rutina... y aprovecho el "recreo" de los listados, para mi cita amorosa... Ella es mi Norte, mi referencia, mi única pasión... Vivo para esos momentos... son toda mi razón de ser...

Prácticamente se convierte en una rutina, todos los días la llamo, casi siempre a la misma hora, con el corazón en vilo. Incluso mis compañeros de platatorma se rien un poco de mí... bueno, algunos de ellos, sin moderación alguna...

La tarde siguiente, ya en mi puesto de trabajo, compruebo, aliviado, que los listados estaban allí... En un post-it, apunto el teléfono, lo meto en mi cartera... y decido llamarla... aprovechando el descanso informático... A las 15:23, la llamo... Y escucho su voz aterciopelada...


¿Cómo puedo explicar lo que siento, a quien no lo haya vivido? No recuerdo nada del resto de la tarde, trabajo en modo automático, sin pensar... Pero sigo dándole vueltas a esa voz grabada, recordando sus palabras, su entonación, incluso las mínimas pausas de la respiración... Sus palabras me acompañaron el resto del día... Y toda la noche... Pues temo que alguien haya tirado los listados, como hacen una vez a la semana...

Nunca, en toda mi vida, he escuchado una voz semejante... Dulce, afrutada como el buen vino... Sensual, con ese toque de secreto, de oscuridad... Y, al mismo tiempo, luminosa como un sol de primavera después de la tormenta... Esa voz, esos escasos segundos, me hechizan de tal manera, que no contesto...
"Hola buenos días... has llamado al domicilio de Carmen G.C.... Bueno, no soy ella, sino su contestador... Si quieres dejarme un mensaje, prometo transmitirselo fielmente... Si optas por no decirme nada, tú te lo pierdes... Que tengas un buen día..."


Es una llamada de lo más ordinaria, repito... Hasta que escucho su voz...


Por eso, a las 15:21, cojo el listado, y mientras marco esos dígitos anónimos, repaso mi discurso habitual, con ese tonillo que todos los teleoperadores desarrollan cuando llevan algunos meses en el oficio... y que te delata incluso en tus ratos de ocio... ¡La de veces que me han dicho en un bar, "Tú eres teleoperador"!

Normalmente, me cuelgan a los pocos minutos, en cuanto empiezo la encuesta... y yo lo anoto en el expediente, y un compañero llama de forma aleatoria, con el automarcador, uno o dos días pespués... ¿Un buen sistema, verdad? Lo malo es que, entre las 15:20 y las 15:30, los informáticos tienen que hacer unos procedimientos, el automarcador se desconecta, y tiramos de listados impresos...


Esta semana, me dedico a ofrecer servicios complementarios de telefonía, lo de siempre, amplicación de servicios, más megas de internet, cambio de teléfono por uno más nuevo, "de última generación"... y de paso, una "breve" encuesta de diez minutos, sobre hábitos de ocio, costumbres familiares, lugar de vacaciones...


Yo trabajo de teleoperador en una empresa de estudios de mercado, sobre un listado fijo de clientes, para la realización de una campaña concreta... Una semana, respondes a las llamadas de los clientes de una marca de televisores, la segunda colaboras con la promoción de unos grandes almacenes, la tercera desvías llamadas de un banco on-line, la cuarta vendes entradas para un concierto... Una vida un poco loca, pero me gusta...


Mi nombre no importa, o quizás sí... pero puedes llamarme Luis... Y durante 5 semanas y media, he vivido una intensa, aunque peculiar, historia de amor... porque el objeto de mis deseos, la causa de mis desvelos, el origen de mi insomnio, era una máquina... Más concretamente, un contestador automático de los antiguos, de esos que funcionan con una cinta de cassete...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

ELISABETTA... Y EL FINAL DEL SUEÑO...

La princesa y la rana... El príncipe y la corista... La bella y la bestia... Se diría que a todos los cuentistas les llaman poderosamente la atención el choque entre los extremos, como si el interés por la persona menos adecuada fuera precisamente lo más lógico, normal o atrayente... Por eso, nos gusta tanto Jessica Rabit, cuando dice "No es culpa mía si me han dibujado así..." o comprendemos tan bien que la chica más femenina de cualquier ocasión (clase, postgrado, universidad, gimnasio...) salga con el tío más bestia... o el de peor reputación... Lo vemos en las películas, lo escuchamos en las canciones... pero es algo que no te crees del todo... hasta que no te pasa a ti...

Siempre, desde que tengo uso de razón (o más bien, del corazón), he estado enamorado: de un ideal de belleza, de una imagen, de un espejismo, o llamalo como prefieras, de mujer... Siempre...Y quizás por mis antecedentes, y por el contraste que representaría, me ha gustado el papel de "protector"... lo que por otra parte siempre me ha parecido imposible, teniendo en cuenta mi envergadura y corpulencia (un metro setenta, y sesenta kilos por aquél entonces)... Por eso, yendo para "galán", me quedé encasillado en el papel de "amigo", cosa que por otra parte, no me importaba demasiado: más o menos como el apasionado por el caviar "Beluga"... que se tiene que conformar con las huevas de "Mujol"... Y, al mismo tiempo que crecía lentamente el número de chicas que me atraían que me consideraban su amigo... yo me sentía tremendamente solo...

Pero hoy me apetece hablaros de ella, puesto que lleva unos cuantos días rondando por mi memoria... bueno, sobre todo, su voz... Nos conocimos una vez terminada la universidad, en un curso de posgrado en periodismo, unas treinta personas, de las cuales veinte eran chicas, que iban desde lo "discretito" a lo "espectacular", pasando por todo el resto de la gama, y todos unidos por el deseo de aprender algo nuevo... si añadimos que dos de los chicos eran gays... era poco menos que el paraíso para los demás varones heterosexuales en busca de princesa, al menos según las leyes de la estadística...

No fui el único que se frotó mentalmente las manos, al darse cuenta de que "tocábamos" a dos hembras y media por cada varón... Y pasaron los meses... y todos (y todas) nos pusimos a jugar... Surgieron varias parejas, algunos romances pasajeros, amparados por la complicidad de las ondas y de los ensayos... Creo que todos nos mirábamos fijamente a los ojos, según las mujeres restantes iban haciendo su elección... Por aquél entonces yo era amigo de una auténtica princesa de ojos negros, larga melena, y risa dulce y cantarina, de quien no me enamoré porque ella tenía novio... y en el fondo, porque me parecía demasiado hermosa, y demasiado dulce, para ser real... Al final, asistí a su boda, y es una de las novias más hermosas que he visto nunca... También era amigo de una chica de Burgos, apasionada por Mike Oldfield... y por la literatura...

Y luego, estaba ella...

A su lado, me sentía bien, me gustaba su forma de ser, de vestir (esos vestiditos veraniegos...), su optimismo, su forma de mirar... Era como una Barbie, pero de verdad, con su media melena rubia un pelín oscura, su largo cuello de garza... Y su voz... con ese toque de angostura, que sacaba el máximo partido en cada una de sus risas... No sé, algo en ella, además de todas aquellas cosas, hacía que todos nosotros (menos los dos gays) orbitásemos a su alrededor como los restos de un cometa en los aledaños de un agujero negro... Se llamaba Elisabetta...

Y entre tanto carroñero, se escondía un super-depredador... No era precisamente Brad Pitt, el amigo Norberto... pero sin embargo, su creatividad, y su fuerte personalidad, eran más que suficientes... Durante varias semanas yo había ido estrechando el cerco, con mucha paciencia, en torno a Elisabetta, y procuraba que estuviéramos en los mismos equipos de trabajo, merendar algo juntos... Creo que el tener coche, y no importarme desviarme "algo" de mi ruta (en verdad, había casi tres cuartos de hora desde mi casa hasta la suya) se convirtió en un factor importante... Yo seguía empeñado en enamorarme de alguien a toda costa, en poner en funcionamiento mi corazón después del último batacazo... Y por eso, al enterarme de su próximo cumpleaños, le compré un oso de peluche que escondí en el maletero del coche, y la llevé, una noche más, a su casa...

Durante el camino, estuvimos hablando sobre el amor, los sentimientos... Y en su misma puerta, le dije que me había enamorado de ella, que pensaba que era una persona fascinante, y que gracias a ella "mi corazón había vuelto a latir...", lo que no dejaba de ser cierto, pues salí muy vapuleado de mi anterior relación... Y fue entonces cuando ella, Elisabetta, me dejó bastante maltrecho, con muy pocas palabras... "Mira... si yo fuera una chica racional, te diría que sí, que acepto tu amor, porque eres un chico fantástico... pero yo no soy una chica racional... y estoy enamorada de Norberto..." (que además tenía novia)... Nos despedimos a pie del coche, ella subió a su casa abrazando el peluche...

La noche siguiente, la volví a llevar a su casa... y un par de noches más... Hasta que declinó mi ofrecimiento... Terminó entonces una etapa de mi vida amorosa, un nuevo fracaso... que de todas formas no tardó en verse eclipsado por otros fracasos y decisiones erróneas en demasiados ámbitos... Y durante más de dieciséis años, Elisabetta ha permanecido allí, rondando en algún lugar de mi conciencia... Como el fantasma de antiguos sentimientos, o el símbolo de la pérdida de una parte de mi vida... La última vez que tuve noticias de ella, vivía en Londres...

Y esta tarde, al hablaros de ella, siento que de alguna manera entierro una línea entera de futuribles, en los que podría haber sido más feliz, sentirme más realizado como persona, y sobre todo, como profesional... porque no tiene sentido quejarse, y dejarse llevar... Aunque las tardes de niebla y frío, mientras paseo a solas por el parque, los zarcillos de la memoria me hablan de ella... de Elisabetta... y del final del sueño...

UN BESO EN EL CORAZÓN DEL BOSQUE

¿Recuerdas aquél momento, en el bosque, cuando nuestras sombras se besaron por primera vez? Fue algo etéreo, fugaz, inconsistente e inconsciente a la vez... Y, sin embargo, poco después, a nuestras sombras siguieron... nuestros cuerpos... y el beso se hizo carne...

No sé... igual no ha sido una buena idea el participar en aquella excursión, pero a estas alturas de nuestra vida, quizás tampoco teníamos demasiada alternativa... "Amores tardíos", creo que los llaman... y de alguna manera, tienen razón... Porque el nuestro ha tardado más de 20 años en materializarse...

Me enamoré de ti desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, en el patio del colegio... Eras tan hermosa, que hasta el mismo sol tenía envidia, mientras iluminaba tu corta y rubia melena rizada... y en tus ojos, refulgía un millón y medio de estrellas ¡como poco! No sé, tal vez yo necesitaba enamorarme, algo que me ha sucedido durante toda la vida, y por eso te escogí precisamente a ti, entre las posibles candidatas... Y te adoré... en silencio... durante mucho tiempo... ¿Cómo ibas a fijarte tú, una auténtica Diosa vikinga, en mí, un chaval flacucho, pálido, y tímido hasta decir "basta"? ¿Y cómo iba yo a atreverme a dirigirte la palabra, incluso en los escasos momentos de intimidad que teníamos en la fila del comedor? La de veces que quise, durante aquél primer año, hablar contigo en "territorio neutral", es decir, la Biblioteca...

Amor a distancia, no se me ocurre otra manera de explicarlo... que se prolongó durante más de diez años... El mismo tiempo que tardaste en convertirte en una hermosa adolescente, cuya simple visión me dejaba sin habla... y difícilmente se puede conseguir enamorar a alguien, o acercarte a ella, si enseguida te pones rojo como la grana... Siempre con tu nombre en los labios... y tu sonrisa en los oídos... Te escribí una carta de amor, recuerdas, después de miles de dudas... Incluso por aquél entonces, era más sencillo para mí escribir que hablar, hay algunas cosas que no cambian...

Un ideal inalcanzable... y al mismo tiempo, el principal elemento que daba coherencia y esperanza a mi vida... el mayor punto de luz en mitad de las tinieblas... Natalia... todavía recuerdo tu risa... y el hoyuelo en tus mejillas... Al cambiarte de instituto, te perdí la pista... Pero seguí conservando tu recuerdo...

Y ahora, te reconozco, en el típico viaje de fin de semana organizado por los amigos del Ateneo, te reconozco... Quizás algo cambiada, que veinte años no pasan en balde... con unas leves ojeras, y algunas patas de gallo... pero sigues siendo tú, Natalia... Con tu increíble sonrisa... y tus pecas en las mejillas... No pensaba que fuera posible verte de nuevo, pero ... así ha sido... Explorando el corazón del bosque, con botas de alta montaña y todo el equipo... Durante un par de horas, estuvimos hablando, de momentos compartidos en el pasado... de los lugares a los que habíamos viajado... las personas de las que habíamos aprendido... Los dos, casados... pero no juntos... Nuestras manos se encontraron fugazmente... y se tomaron cariño...

Y nuestras sombras se besaron en un claro, mientras la luz, tamizada y teñida de verde, aureolaba tus cabellos rubios... Estabas tan hermosa... que no pude evitarlo... y, con más miedo que antaño, sujeté suavemente tu carita... y te besé en los labios... Al principio, te mostraste un poco esquiva... pero entonces tus labios se abrieron...

Duró poco, demasiado poco, para un gesto, un beso, que llevaba toda una vida anhelando...

Y, sin embargo, era precisamente lo que necesitaba para olvidarte...

Unas horas vividas al margen del tiempo... No intercambiamos los teléfonos...¿para qué hacerlo... si con aquél único, apasionado, beso, engañamos al tiempo?

Porque, al abrir lentamente los ojos, teníamos de nuevo diez años, y nos estábamos besando en una esquina del patio del colegio... Y en un solo momento, comprendimos cómo habrían sido nuestras vidas, de haber compartido aquél beso...

HIJAS DE LA MEMORIA...

A VECES, para seguir avanzando, para encontrar tu camino en los mares del presente, no hay más remedio que soltar lastre... En mi caso, el lastre era el recuerdo de una larga serie de nombres de mujer...

Amigas que pudieron haber sido otra cosa, mujeres de las que me enamoré hace mil años y pensaba que había olvidado, voces, sobre todo, que seguían rondando en las bambalinas de la memoria...

Si lo piensas con calma, seguro que descubrirás que viven en ti unos cuantos nombres de personas (mujeres en mi caso... en el tuyo, eres completamente libre para escoger géneros), a las que has creído amar... o quizás incluso hayas amado y perdido, qué más da...

Es curioso, con las voces de las personas queridas no sucede lo mismo que con las de los muertos: todavía recuerdo claramente la voz de mi primer amor, con toda la riqueza de matices de una adolescente (hace 25 años que no la veo)... y sin embargo... he olvidado las de mi padre y mi abuelo...

Es cierto, apetece mucho recordar un sentimiento dulce, puro, el efecto de una caricia, de un beso, o simplemente, el estar junto a una persona especial... Por eso, atesoras cada detalle, cada matiz, cada pizca de aroma... Algunos aromas, de golpe, te hacen llorar; ciertas películas permanecen asociadas a una persona en concreto, y es imposible verlas sin notar su presencia (algunas de ellas, en mi caso, son "Ghost", "Estallido"... y "Star treck V"...). Recordar no es malo, insisto, pero lo que no puedes hacer es permitir que esa colección de recuerdos y de ocasiones fallidas se convierta en un lastre para que disfrutes de tu presente...

Por eso, llevo un cierto tiempo compartiendo con vosotros/as todos esos sentimientos, todos esos recuerdos, a través de los diferentes blogs, pero especialmente aquí y en "Versos dispersos"... De alguna manera, se trata de ir quitando lastre emocional, porque todas aquellas Hijas de la Memoria, cuyo recuerdo he ido atesorando durante todos estos años, en el fondo, se habían convertido en una maraña de sentimientos que me impedía seguir adelante... y disfrutar de lo único importante: el presente...

No son todas las que están, ni están todas las que son... que cuarenta años sobre este planeta dan para muchísimos recuerdos, sobre todo si eres un enamorado compulsivo, alguien tan tremendamente romántico, y al mismo tiempo tan tímido y tan ingenuo, que una sola sonrisa, insisto, una sola, en la distancia, de una desconocida, puede llenar semanas de sueños, de futuribles... de ilusiones, que en el fondo, es el primer apellido del Amor... En verdad, su nombre es Amor Ilusión Ceguera...

Pero también es cierto que, con el paso del tiempo, demasiadas heridas de guerra y cicatrices han ido lesionando mi corazón, me gustaría hacer "tábula rasa" con los sentimientos, y afincarme en la cómoda burguesía del amor correspondido, de mirar juntos hacia el futuro, y sobre todo, de compartir el presente... con mi mujer, nuestro gato, y quizás incluso un niño... o una niña...

Por eso, seguiré liberando sentimientos, recuerdos, sueños fallidos, amaneceres, paseos junto al mar o en la jungla de asfalto, miradas increíbles de ojos castaños, tardes de lluvia sin paraguas, largos viajes hacia el otro extremo de la noche, fugaces avistamientos de largos cuellos, roces casuales de labios turgentes, la emoción de sentirte protector por una vez en tu vida (en vez de protegido), un larguísimo paseo por las calles de Roma, y tantos y tantos momentos...

Y cuando lo haya conseguido, cuando no aniden en el recuerdo más hijas de la memoria... El corazón volverá a latir de nuevo... conjugando verbos en el presente continuo de los amantes... intentando aprovechar incluso los momentos de soledad...

Para seguir enamorándome... incluso del viento nocturno... Y convertirlo... en historias de amor... de sueños...