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lunes, 19 de marzo de 2012

CONTESTADOR AMADO MI



FIN.


Por eso, cuando oigo su voz... cuelgo...


No puedo arriesgarme a perder la magia, a que todo termine de esa manera...


"Sí, digame... Buenos días..."


Pero hoy es distinto, no escucho a mi amado contestador... Responde ella, con esa voz tan dulce que encanta mis sueños, que me roba el alma desde la primera vez...


Las 15:20... todavía unos minutos... las 15:23... ya falta menos... las 15:30... hora de llamar...

Pasan los días.... y las semanas... pero yo sigo fiel a mi rutina... y aprovecho el "recreo" de los listados, para mi cita amorosa... Ella es mi Norte, mi referencia, mi única pasión... Vivo para esos momentos... son toda mi razón de ser...

Prácticamente se convierte en una rutina, todos los días la llamo, casi siempre a la misma hora, con el corazón en vilo. Incluso mis compañeros de platatorma se rien un poco de mí... bueno, algunos de ellos, sin moderación alguna...

La tarde siguiente, ya en mi puesto de trabajo, compruebo, aliviado, que los listados estaban allí... En un post-it, apunto el teléfono, lo meto en mi cartera... y decido llamarla... aprovechando el descanso informático... A las 15:23, la llamo... Y escucho su voz aterciopelada...


¿Cómo puedo explicar lo que siento, a quien no lo haya vivido? No recuerdo nada del resto de la tarde, trabajo en modo automático, sin pensar... Pero sigo dándole vueltas a esa voz grabada, recordando sus palabras, su entonación, incluso las mínimas pausas de la respiración... Sus palabras me acompañaron el resto del día... Y toda la noche... Pues temo que alguien haya tirado los listados, como hacen una vez a la semana...

Nunca, en toda mi vida, he escuchado una voz semejante... Dulce, afrutada como el buen vino... Sensual, con ese toque de secreto, de oscuridad... Y, al mismo tiempo, luminosa como un sol de primavera después de la tormenta... Esa voz, esos escasos segundos, me hechizan de tal manera, que no contesto...
"Hola buenos días... has llamado al domicilio de Carmen G.C.... Bueno, no soy ella, sino su contestador... Si quieres dejarme un mensaje, prometo transmitirselo fielmente... Si optas por no decirme nada, tú te lo pierdes... Que tengas un buen día..."


Es una llamada de lo más ordinaria, repito... Hasta que escucho su voz...


Por eso, a las 15:21, cojo el listado, y mientras marco esos dígitos anónimos, repaso mi discurso habitual, con ese tonillo que todos los teleoperadores desarrollan cuando llevan algunos meses en el oficio... y que te delata incluso en tus ratos de ocio... ¡La de veces que me han dicho en un bar, "Tú eres teleoperador"!

Normalmente, me cuelgan a los pocos minutos, en cuanto empiezo la encuesta... y yo lo anoto en el expediente, y un compañero llama de forma aleatoria, con el automarcador, uno o dos días pespués... ¿Un buen sistema, verdad? Lo malo es que, entre las 15:20 y las 15:30, los informáticos tienen que hacer unos procedimientos, el automarcador se desconecta, y tiramos de listados impresos...


Esta semana, me dedico a ofrecer servicios complementarios de telefonía, lo de siempre, amplicación de servicios, más megas de internet, cambio de teléfono por uno más nuevo, "de última generación"... y de paso, una "breve" encuesta de diez minutos, sobre hábitos de ocio, costumbres familiares, lugar de vacaciones...


Yo trabajo de teleoperador en una empresa de estudios de mercado, sobre un listado fijo de clientes, para la realización de una campaña concreta... Una semana, respondes a las llamadas de los clientes de una marca de televisores, la segunda colaboras con la promoción de unos grandes almacenes, la tercera desvías llamadas de un banco on-line, la cuarta vendes entradas para un concierto... Una vida un poco loca, pero me gusta...


Mi nombre no importa, o quizás sí... pero puedes llamarme Luis... Y durante 5 semanas y media, he vivido una intensa, aunque peculiar, historia de amor... porque el objeto de mis deseos, la causa de mis desvelos, el origen de mi insomnio, era una máquina... Más concretamente, un contestador automático de los antiguos, de esos que funcionan con una cinta de cassete...

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Y LA MUSA SE HIZO CARNE...

Sobre la cama, anhelante, ella me espera... es mi musa, de larga cabellera negra, hermosos y turgentes labios, ojos negros, y cuerpo de diosa (al menos, para mí es perfecta...) que ha llegado, de alguna manera, hasta aquí... cruzando la barrera entre los mundos... algo que yo jamás imaginé que fuera posible realizar... Pero ella, mi amada musa, lo ha conseguido... Y la imaginación se ha vuelto carne, y hueso, y pelo, y sangre...
Tanto tiempo juntos, tantas noches hablando de lo humano y de lo divino, que por suerte incluso en el Universo de las Musas tienen internet... Tantos sentimientos compartidos... Tantos anhelos, sobre todo, y deseos, y frustraciones, y tristezas... Tantas veces que he llorado en su regazo, porque los hombres también lloran, y el que diga lo contrario, me temo que está equivocado... Tantos amaneceres insomnes, hablándole de mi mujer ideal, de sus medidas, sus formas, sus curvas y sus rectas y, sobre todo, de cosas tan "extrañas" como el amor, la tristeza, y sobre todo, la soledad... Tanto comentarle hasta qué punto ella era la única mujer con la que me sentía realmente bien, satisfecho y en paz... que, de alguna manera, terminé enamorándome de ella, como ya os he ido contando en las otras entradas del blog...

Pero este enamoramiento, por desgracia, me ha costado caro... porque no existe mujer sobre la tierra, que se pueda comparar con la musa, nacida de la imaginación, del corazón, de un poeta... Sencillamente, es imposible, porque en tus lúcidos delirios, la estás dotando de todas aquellas cualidades que consideras esenciales en una mujer: que sea tierna, pero no blanda; que tenga carácter, puesto que estás harto de mosquitas muertas; que sea trabajadora, y madrugadora; que comprenda tus sentimientos sin necesidad de palabras; que responda con pasión a la pasión de tu mirada (que no es lo mismo que por compasión y sin mirarte a la cara); que termine tus frases; que adivine tus sentimientos; y, por encima de todo, que te ame al menos tanto como tú la amas a ella...

Si todo hubiera terminado aquí, con una simple declaración de intenciones, con un enamoramiento platónico e irrealizable, pero que al mismo tiempo se pueda escudar en la imposibilidad de realizarlo... Pero ella, mi amada musa, decidió complicar las cosas...

Puesto que también se enamoro de mí, no solamente de la parte pública, de la simple apariencia; ya sabes, periodista soñador recién entrado en cuarentena, con un gato negro y una mujer por mascotas, con demasiadas toneladas de desilusiones en las espaldas... Mi Musa ha sido capaz de ver mucho más, me ha acompañado por los senderos tenebrosos de mis mundos de tinta en las horas bajas.. Pero también entre las etéreas nubes durante los fugaces momentos de éxtasis y de felicidad...

Quizás era algo que tenía que pasar, lo repito... porque ella se enamoró de mí... de un simple mortal... Y ha escogido pasar una tarde conmigo... mas dentro de una envoltura de carne cálida, viva, acogedora y, sobre todo, inmensamente real... Os podréis imaginar mi sorpresa, cuando he llegado a casa, después del trabajo, ansiando darme una ducha, comer algo, y dormir la siesta con nuestro gato compartido... Y me la he encontrado tal y como la veis, en ropa interior, con su maravilloso cuerpo estirado lánguidamente sobre la cama... y una mirada y una sonrisa que dejaban escaso lugar para la duda...

Ha sido, para mí, un tremendo impacto, el encontrarme cara a cara y cuerpo a cuerpo con mi musa, puesto que la reconocí desde el primer momento... puesto que de todas formas, la había soñado yo... Incluso su voz era exactamente como yo la imaginaba, con una mezcla entre sensualidad y leve ronquera, que al pronunciar aquellas tres palabras me hizo estremecer hasta los sótanos del alma: "Ven... y bésame..."

Y yo le hice caso... Y me arrodillé a su lado, al pie de la cama... Y me acerqué a ella... Y acaricié levemente su sedoso cabello negro... Y, aprovechándome de que tenía los ojos cerrados, la besé... en la frente...

Sorprendida por el destino de mi único beso, abrió los ojos, y en ellos pude leer tantas cosas: tristeza, incredulidad, decepción, deseo, frustración... Y, girándose levemente para reclinar la barbilla sobre sus manos, lo que me permitió comprobar que su culo era el más hermoso que he visto jamás, dijo otras dos palabras: "¿Por qué?"... que de todas formas en su interior contenían implícitas otras muchas: ¿Por qué no me amas?... ¿por qué no me deseas?... ¿por qué no me quieres?¿Acaso no me encuentras hermosa?¿No soy como me habías imaginado?¿Porque eres feliz con tu vida?

Yo la deseaba, es cierto, por supuesto, más que a ninguna otra mujer sobre la Tierra, y era perfectamente consciente de que estaba a punto de tomar una decisión que me cambiaría muchos aspectos de mi vida... Puesto que sin una sola palabra, la arropé suavemente con la colcha, y me tumbé a su lado sobre la cama... y hablamos... y ella lloró... y yo lloré... hasta el gato, que se había recostado a su lado, lloró...

Pero tomé una decisión: le dije la verdad... Que se lo agradecía muchísimo, el que hubiera bajado hasta mi mundo, encarnándose en la mujer más hermosa y exquisita que había visto jamás... Que, por supuesto, la deseaba... y que me habría sentido inmensamente feliz de habernos amado, aquella tarde de martes... Pero que realmente, no era posible... Nunca lo había sido... porque ella era mi Musa, mi inspiración, mi sueño, mi amor imposible... y precisamente por eso, todo tendría que seguir como hasta ahora... ¡Dios, fue un momento muy amargo, una decisión super complicada! Y, sin embargo, la única posible: que siempre siguiera siendo un ideal amoroso, espiritual, la inspiración para mis mejores poemas, y para casi todas mis historias de amor...

Al menos, pasamos la tarde juntos... Me di una buena ducha, para quitarme de encima el olor del uniforme, y cambiarme de ropa... Cosa que hice en mi cuarto de baño, mientras ella, intrigada por las funciones de su nuevo cuerpo, se bañaba y se reía como una chiquilla por el cosquilleo de las burbujas en la bañera de agua caliente... Yo le había puesto un juego limpio de toallas, además de un cómodo chandal y una camiseta para ir a dar un paseo, y unas playeras de mi mujer...

Y mi Musa estaba guapísima con sus ropas prestadas, con la melena recogida en una cola de caballo... Teníamos muchas cosas que decirnos, que contarnos, y habría sido bastante estúpido el quedarnos toda la tarde en casa, cuando ella iba a disfrutar solamente de tres a diez de su cuerpo de humana... Una ligera llovizna nos garantizaba que no habría demasiada gente por las calles... Estaba tan feliz, caminando cogidos de la mano, que sonreía... sonreía tanto, que reflejaba y multiplicaba exponencialmente los rayos de sol, deslumbrando al mundo... El Parque del Capricho, abierto por ser festivo, La Almudena, me llamaba... y estuvimos paseando más de una hora, mientras el reloj corría en contra nuestra... Todo era nuevo para ella, porque las Musas son espíritus, no humanas: el sonido de las hojas en los árboles... los cadenciosos murmullos del viento... el olor a tierra mojada, a humus, y quizás también a muerte... Y los colores del otoño, en todo su esplendor...

Con algo de hambre, nos fuimos a merendar a una chocolatería del barrio... y se quemó un poco la lengua... se tuvo que beber del tirón un enorme vaso de agua... Luego entramos en la librería de mi amiga Milagros, donde estuvimos hablando de Literatura, de música, y de mil cosas...Terminamos la tarde en casa, viendo "Ghost", abrazados, en el sofá... y compartiendo el rollo de papel higiénico y bol de palomitas... Fue entonces cuando ella descubrió que no se podía reír comer palomitas a la vez... Al final, me atraganté yo también, nos entró la risa floja, justamente en uno de los momentos más emotivos de la película (cuando suena la canción, y Demi Moore está haciendo el jarrón de barro, y se acerca Patrick Swayze, ya sabéis, con "Unchained Melody" de fondo), por lo que tuvimos que ver de nuevo aquél trocito...

Y nos dieron las nueve y media de la noche... y seguíamos hablando sobre la película, sobre el amor, los poetas, las musas, los sueños... y sobre nosotros mismos... Y llegó el momento que, en el fondo, los dos temíamos: el de la despedida... Nos levantamos del sofá, nos dimos un fuerte abrazo... ella buscó mis labios... y yo los de ella... Y nos besamos, en silencio, por segunda vez, con los ojos abiertos... Y luego, con una última caricia, se desvaneció delante de mis ojos... Mi chandal nuevo se deshinchó entre mis manos... igual que la camiseta de los Templarios... Una bocanada de aire levemente perfumado (¿rosas, gardenias, almizcle?) fue lo único que me quedó de ella... Con el máximo cuidado, embolsé por separado todas aquellas prendas que ella había tocado, menos las zapatillas de mi mujer, y las guardé dentro del arcón del despacho...

Un cálido baño de agua bien caliente con espuma... Dos besos... Varios abrazos... Un romántico paseo por el Parque del Capricho... Merendar chocolate con churros... Y luego, compartir una maravillosa película romántica... Aquella fue la tarde que compartí con mi musa... Fue todo lo que pasó, ni más ni menos... Puesto que, no lo olvidemos, ella era, es y será... por siempre... mi Musa...

UN BESO EN EL CORAZÓN DEL BOSQUE

¿Recuerdas aquél momento, en el bosque, cuando nuestras sombras se besaron por primera vez? Fue algo etéreo, fugaz, inconsistente e inconsciente a la vez... Y, sin embargo, poco después, a nuestras sombras siguieron... nuestros cuerpos... y el beso se hizo carne...

No sé... igual no ha sido una buena idea el participar en aquella excursión, pero a estas alturas de nuestra vida, quizás tampoco teníamos demasiada alternativa... "Amores tardíos", creo que los llaman... y de alguna manera, tienen razón... Porque el nuestro ha tardado más de 20 años en materializarse...

Me enamoré de ti desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron, en el patio del colegio... Eras tan hermosa, que hasta el mismo sol tenía envidia, mientras iluminaba tu corta y rubia melena rizada... y en tus ojos, refulgía un millón y medio de estrellas ¡como poco! No sé, tal vez yo necesitaba enamorarme, algo que me ha sucedido durante toda la vida, y por eso te escogí precisamente a ti, entre las posibles candidatas... Y te adoré... en silencio... durante mucho tiempo... ¿Cómo ibas a fijarte tú, una auténtica Diosa vikinga, en mí, un chaval flacucho, pálido, y tímido hasta decir "basta"? ¿Y cómo iba yo a atreverme a dirigirte la palabra, incluso en los escasos momentos de intimidad que teníamos en la fila del comedor? La de veces que quise, durante aquél primer año, hablar contigo en "territorio neutral", es decir, la Biblioteca...

Amor a distancia, no se me ocurre otra manera de explicarlo... que se prolongó durante más de diez años... El mismo tiempo que tardaste en convertirte en una hermosa adolescente, cuya simple visión me dejaba sin habla... y difícilmente se puede conseguir enamorar a alguien, o acercarte a ella, si enseguida te pones rojo como la grana... Siempre con tu nombre en los labios... y tu sonrisa en los oídos... Te escribí una carta de amor, recuerdas, después de miles de dudas... Incluso por aquél entonces, era más sencillo para mí escribir que hablar, hay algunas cosas que no cambian...

Un ideal inalcanzable... y al mismo tiempo, el principal elemento que daba coherencia y esperanza a mi vida... el mayor punto de luz en mitad de las tinieblas... Natalia... todavía recuerdo tu risa... y el hoyuelo en tus mejillas... Al cambiarte de instituto, te perdí la pista... Pero seguí conservando tu recuerdo...

Y ahora, te reconozco, en el típico viaje de fin de semana organizado por los amigos del Ateneo, te reconozco... Quizás algo cambiada, que veinte años no pasan en balde... con unas leves ojeras, y algunas patas de gallo... pero sigues siendo tú, Natalia... Con tu increíble sonrisa... y tus pecas en las mejillas... No pensaba que fuera posible verte de nuevo, pero ... así ha sido... Explorando el corazón del bosque, con botas de alta montaña y todo el equipo... Durante un par de horas, estuvimos hablando, de momentos compartidos en el pasado... de los lugares a los que habíamos viajado... las personas de las que habíamos aprendido... Los dos, casados... pero no juntos... Nuestras manos se encontraron fugazmente... y se tomaron cariño...

Y nuestras sombras se besaron en un claro, mientras la luz, tamizada y teñida de verde, aureolaba tus cabellos rubios... Estabas tan hermosa... que no pude evitarlo... y, con más miedo que antaño, sujeté suavemente tu carita... y te besé en los labios... Al principio, te mostraste un poco esquiva... pero entonces tus labios se abrieron...

Duró poco, demasiado poco, para un gesto, un beso, que llevaba toda una vida anhelando...

Y, sin embargo, era precisamente lo que necesitaba para olvidarte...

Unas horas vividas al margen del tiempo... No intercambiamos los teléfonos...¿para qué hacerlo... si con aquél único, apasionado, beso, engañamos al tiempo?

Porque, al abrir lentamente los ojos, teníamos de nuevo diez años, y nos estábamos besando en una esquina del patio del colegio... Y en un solo momento, comprendimos cómo habrían sido nuestras vidas, de haber compartido aquél beso...

SOÑANDO UN SUEÑO...

Soledad y silencio... nada más... y nada menos.... Es lo único por lo que claman a gritos mis sentidos, en medio de la vorágine de la navidad, así, con minúsculas, porque me da la gana.... que no es una errata... ¿Acaso es un deseo tan difícil de conseguir? Pues todo parece indicar que sí... Y más aún cuando te pasas el día rodeado de gente...

Por la mañana, es la habitual vorágine de mensajeros, visitantes, empleados, proveedores, algún que otro ciervo, y actualmente, unos cuantos obreros... que esto es la histeria interminable... Además, con lo de trabajar de cara al público, y por mucho que en ciertos momentos disfrutes del preciado don de la invisibilidad, sobre todo cuando la persona que tienes delante de ti piensa que eres inferior, algo menos que un despojo de la sociedad por el hecho de llevar un uniforme, lo que de verdad ansío es el tiempo intermedio... curiosamente, el que abarca entre la salida del tajo y la llegada a casa... Menos mal que también trato con personas normales, agradables, que me hacen sentir bien...


Con las ropas civiles bien ajustadas sobre el cuerpo, y olvidando el desagradable tacto del uniforme, sobre todo de los pantalones a base de pelo de camello reciclado, oveja de dudosa reputación y restos de moqueta industrial, que si se te moja por la lluvia la chaqueta, te acompaña durante horas el pestazo de perro muerto... Es decir, que ponerme mis habituales pintillas, camiseta estilo heavy incluida (mañana toca "Dire Straits", y pasado "Pink Floyd" o "Blind Guardian", no lo tengo muy claro...), con la chupa de cuero y las botas de combate, emprendo el camino a casa... Ese ratito se convierte en un gran aliciente... La música en mis oídos, la llovizna en la cara... y la certeza de saber que nuestro gato me estará esperando detrás de la puerta, como midiendo con sus ronroneos y sus movimientos del cola el tiempo que nos falta para la siesta...

Por supuesto, esta rutina se modifica de vez en cuando... si cojo el coche para ir al trabajo... o si tengo algo importante que hacer a primera hora de la tarde, como cortarme el pelo, o fijar una vez la sonrisa loctite, que por casualidad ha desaparecido de mis labios... No me gusta la navidad... cada vez la tolero menos... pero de ese tema ya hablamos hace unos días, con "El cuento de la navidad y el bicho raro...", mejor no sigo con el tema... Pero de todas formas, experimento de manera acuciante la necesidad del silencio, y el recogimiento, aunque sea de forma temporal...

En los ratos de mayor intensidad laboral, cuando me sorprendo ante los límites insondables de la estupidez humana o de la falta de organización...o simplemente cuando estoy con "uno de esos días"... en los que la jaqueca reclama sus derechos de amiga y compañera... A base de fuerza de voluntad y un poquito de entrenamiento, consigo abstraerme del todo... Es decir, mientras sigo atendiendo a los visitantes, a los empleados, y haciendo otras mil cosas, me alejo... de todo... y mi calenturienta imaginación emprende su peculiar viaje por el espacio y el tiempo...

Lo primero que cambia es la luz... Se vuelve mucho más tenue, invernal, y por supuesto, natural... El olor no tiene nada que ver... hierba fresca, varios pinos, la piedra y el agua... Mis ropas siguen siendo marrones, pero es una basta túnica de lana o de un género parecido... Delante de mí, otro monje, en el claustro casi desierto... Todos nosotros mascullamos algo en latín, a veces creo que se trata de un "Te Deum..." Luz, tacto, vista, olor... y la paz, la tranquilidad entre aquellos muros... el inmenso contraste con la época en la que me ha tocado vivir...

Es cierto, dura muy poco tiempo, de momento no he tenido la ocasión de plantearme si se trata de otra vida, de una especie de alucinación derivada de la falta de sueño, o simplemente es un símbolo de lo que ansío... puesto que no puede ser mayor el contraste... Imaginación o no, son aquellos momentos, donde conozco el precio del silencio, los que me permiten seguir adelante...

Solo un día más...

Soñando un sueño...

viernes, 16 de septiembre de 2011

SUEÑOS DE MUSA

Aquella tarde de invierno, hace varias semanas, tuve una conversación un pelín desagradable con mi musa... Quizás lo que màs me dolió fue que se comportase como una mujer de carne y hueso... Pues si precisase de una musa corpórea, tengo dos o tres buenas amigas dispuestas a convertirse en mi inspiración... Fue una conversación, tipo "Escenas de matrimonio", pero en el terreno neutral del ocaso, sentados en un banco del Parque de Juan Carlos Iº, puesto igual que mi amiga Beatrice Golden, lo he adoptado como punto de esparcimiento... y de diálogo... muchas han sido las tardes que he pasado este invierno paseando por allí, sin duda menos de las que debería, pero en todo caso, las suficientes para oxigenarme...

"Creo que ya no me quieres...", de dijo de sopetón mi musa... "¿Acaso ya no te parezco atractiva?¿No te gusta mi melena, larga y negra, y mis ojos almendrados?¿No tienes ganas de besar mis labios cuando estamos solos?"

"No se trata de eso, Musa... Son cosas que tú no puedes entender...", le respondí, de manera poco convincente, me temo...

"¿Por qué no puedo entenderlas?¿No te gusto?", me dijo, levantándose despacio, para que el último sol iluminase las curvas perfectas de su cuerpo, moldeadas por el viento, como si el vestido de algodón blanco fuera una segunda piel... Por cierto, para ella, siempre es verano... su piel está perpetuamente bronceada, con ese tono que es hijo del sol y del viento... jamás se viste con otra cosa que una casi ilimitada colección de vestidos de algodón blancos, con mínimas diferencias, y con faldas ibicencas... y nunca utiliza algo que no sean sandalias de tiras de cuero, y de esparto, con tiras enlazadas hasta la rodilla...

"¿Cómo no ibas a gustarme, si encarnas mi ideal de belleza, hasta en el menor detalle? No en vano eres el fruto de mi imaginación, de incontables noches de vigilia..."

"¿Pero me amas?¿Me amas... aunque sea un poquito?"

Aquella era la pregunta estelar... el auténtico motivo de haberme convocado aquella tarde en el parque, enviándome un correo de hotmail... la Musa que se enamora del poeta, del escritor, pues del roce nace el cariño... Desde hace unos cuantos días, la notaba extraña, quizás más intrigante que de costumbre... Me sorprendía mientras estaba en la ducha, o afeitándome... Notaba una suave corriente de aire, o un beso en el cuello... Era una conversación amarga la que me esperaba... y por fin habíamos llegado al meollo del problema: el amor, físico, carnal, irrealizable, al que en el fondo aspiran todas las musas... y los "musos"...

"Sí... es cierto que te amo, Musa... pero a mi manera... con mis limitaciones... y mis modelos... y mis sueños..." ¡Por Dios y por Belcebú, cómo podía decirle la verdad, sin herirla demasiado?¿Cómo explicarle que aquél amor del que ella hablaba, jamás sería realizado, ni correspondido?¿Que si no pasó nada aquella tarde de otoño, cuando me visitó convertida en carne mortal, tampoco sucedería ahora?

Y ella se quedó sentada a mi lado, con el sol poniente arrancando fugaces destellos a su melena azabache... mientras una lágrima descendía lentamente por su mejilla... Y entonces, al mismo tiempo que rozaba suavemente la piel de su cuello con los labios, tuve una idea, tal vez no brillante, pero al menos le daría un poco de esperanza...

"Querida Musa... Me parece que lo que me estás pidiendo es algo que no te puedo dar, pues hablamos de amor carnal, de una fusión más allá de las almas y los cuerpos... Y no es algo posible entre nosotros... De sobra conoces mis compromisos, mis amores, mis tristezas, mis soledades... Quizás por eso deposité en tu regazo tantos sentimientos, que al final, te dieron forma... Pero.... y en los asuntos del amor siempre tiene que haber un "pero", lo que no puedes hacer es convertirte en humana...", le dije, notando que le estaba doliendo cada una de mis palabras, pero al mismo tiempo, deseando darle aunque fuera un poquito de esperanza... En aquél momento, mi Musa estaba llorando abiertamente....

"No sería justo que te convirtieras en humana... pues ninguna humana podría compararse contigo... al menos para mí... Quizás podríamos encontrarnos en tierra de nadie, ni musas, ni humanos: en el reino de los sueños, donde todo es posible... Seguiremos trabajando duramente en la realidad, creando, inventando, recreando situaciones, amores, deseos... Mas si nos encontramos en el limbo... todo estará permitido... ¿Te parece una buena idea, Musa?"

No me respondió, durante ochenta latidos, estuvo con la mirada gacha, sollozando contra mi pecho... Algunas personas nos miraban al pasar, pero no se detenían... Y después, algo más tranquila, me besó, con sabor a lágrimas... susurró algunas palabras en mi oído... se levantó del banco... y se fue caminando hacia el sol poniente... para fundirse en el último rayo de luz...

Desde aquella tarde de invierno, vivo recordando sus palabras, temiendo algunas noches que llegue el momento de dormir... y al mismo tiempo, deseándolo... Pues en ellas se refugiaban y expresaban los deseos de miles de poetas, escritores, soñadores... y también los míos...

Entre caricia y beso, me dijo... "Espérame en el limbo, amor..."

Y así ha sucedido... Aquellas mañanas de invierno, en las que he despertado con el corazón culpable... y el alma llena de Primavera...

"DÉJÀ VU"

- Uno - No fue un sueño... Lo sé... Estuvimos juntos aquella noche...


-Dos- No es bueno abusar de la juventud, ni de los primeros años de la edad adulta... Sobre todo, cuando se trata de dormir, y de descansar lo suficiente... Cuando yo era joven, sobre todo en los años finales de la Universidad, cogí la costumbre de dormir por la tarde, después de las clases, y hasta la hora de cenar... Entonces, veía un rato la tele y, sobre la medianoche, me ponía a estudiar hasta el alba... Luego, me volvía a acostar (serían las seis y media de la mañana) hasta las ocho, cuando me reincorporaba al mundo de los vivos, me despejaba con una larga ducha, terminaba los preparativos, y me iba a la facultad... Supongo que hay formas más adecuadas de pasarte dos meses al año, que dormir a saltos no es la mejor opción... pero también es cierto que me concentraba mucho mejor de noche, cuando no había un solo ruido en la casa...

Según se iban aproximando los exámenes finales, y con una larga lista de trabajos para terminar, reducía el número de horas de sueño, gracias al consumo de cafeína en dosis industriales, y demasiados cigarrillos... Por lo que llegaba a pasarme una semana entera, durmiendo un máximo de dos horas al día, en varias tandas... Dicen que el cansancio extremo mejora las capacidades de percepción, la agudeza de los sentidos (al menos, es lo que me pasa a mí)... y fue una de aquellas madrugadas del mes de junio, cuando nos encontramos...

Llevaba toda la noche estudiando "Relaciones Internacionales", (una de mis asignaturas más odiadas, por la incompetencia de la profesora, no por falta de interés), y quizás me pudo el cansancio... pues a duras penas conseguí llegar a la cama, separada por un par de pasos de la mesa de estudio, no sin antes programar el despertador...

En un momento dado, tenía conciencia de mi propio cuerpo, del cansancio absoluto, de la necesidad de seguir estudiando para quitarme de encima aquella asignatura... y minutos después, estaba contemplando mi cuerpo dormido desde el techo de mi habitación... Lo más extraño, es que me parecía completamente normal, flotar en el aire, a unos dos metros del suelo... La sensación de ingravidez era muy placentera, pero al cabo de un tiempo, no sé cuanto, me aburrí de las vistas, y atravesé la ventana de mi dormitorio... lo que no es demasiado recomendable, teniendo en cuenta que vivíamos en un quinto piso...

Con un suave planeo, aterricé en la calle... Había mucha gente, no sería ni la una de la mañana, lo que un viernes en Madrid no deja de ser un horario de lo más conveniente... Al principio, pensé que me había olvidado de ponerme las gafas, porque veía las personas desenfocadas, y otras con total claridad, pero en número muy escaso... No tardé mucho en comprender que en los viajes astrales no se necesitan gafas... Y que te puedes encontrar con personas muy interesantes, como por ejemplo, ella...

Definirla como "una muñeca de larga melena negra y piel bronceada por el sol" sería quedarme corto... aunque ese sigue siendo mi ideal de mujer... Sus ropas eran de color negro, vestido largo de tela y chaqueta de cuero, botas de caña alta, y los labios pintados de negro... ahora la consideraríamos gótica, o siniestra... pero en aquella madrugada del mes de mayo, ella fue la primera persona con quien pude hablar, de lo que nos estaba pasando...

- "¿Novato, verdad?", me preguntó, no sin cierta dosis de chulería...
- "¿Tanto se me nota?", le respondí....
- "Bastante... estás flotando a diez centímetros del suelo... y no paras de esquivar a los demás peatones... ¿No te has dado cuenta de que estás pasando a través de ellos?"
- "¿Soy un fantasma?", le pregunté, bastante asustado...
- "No exactamente... eres lo más parecido a un fantasma, sin estar muerto... Son cosas que pasan, en los viajes astrales... Las personas que ves desenfocadas, son las que te encuentras en la calle, haciendo sus cosas de manera consciente... y los que ves con nitidez, son aquellos que también están haciendo un viaje astral..."
- "¿Por qué eres tan amable conmigo, si no me conoces?", le pregunté...
- "Por simple cortesía... recuerdo lo mal que se pasa la primera vez que viajas...", me dijo ella... "pero en su momento tendrás que devolverle el favor a otra persona, como mínimo..."

Durante un par de horas, estuvimos paseando por Madrid, por muchos de los bares que me gustaban, en la zona de Malasaña, hablando de todo un poco... Me dijo que se llamaba Paula, estudiaba segundo de Medicina, y que siempre le habían gustado las técnicas orientales de relajación, el budismo, y que llevaba un par de años realizando viajes astrales de manera voluntaria... no como yo, que fue accidental... También me dijo que era fácil acostumbrarse a esta técnica, te permitía conocer otras personas, otras realidades, y sentirte más vivo... "Ten cuidado con aquellas personas que veas con el aura negra en tus próximos viajes: no tienen buenas intenciones...", me dijo... y con el tiempo, comprendí a lo que se refería...

- Tres - Aquella noche la pasamos juntos, conociendo a otras personas y hablando con ellas, de nuestras vidas, nuestros sueños, esperanzas... Nos separamos, de manera abrupta, con mi regreso a la conciencia, al sonar el despertador... Durante un par de días, mientras seguía presentándome a los últimos exámenes, terminando los trabajos para la facultad, no tuve tiempo de pensar en lo que había sucedido aquella noche, ni en Paula... Pensaba que fue solamente un sueño, provocado por el agotamiento, las escasas horas de sueño, la cafeína... y me olvidé de ella... Conseguí aprobar el último curso de carrera... incluso la asignatura más odiada...

- Cuatro - Durante unos cuantos días, al viajar en Metro, experimenté la sensación de reconocer algunas caras, algunas personas, a quienes no podía evitar mirar con cierto disimulo... Incluso durante la peregrinación anual a la costa, me estuve encontrando con personas que me sobaban... Era una noche de septiembre, inusualmente fría, cuando entré en aquél bar de Malasaña, que habían inaugurado en el mes de abril, pero donde nunca me había tomado una copa... Había quedado con un par de amigos, y en cuanto traspasé el umbral, experimenté una sensación de "déjà vu"... Yo conocía aquél lugar, en el que nunca había estado... Sabía cómo se llamaban el camarero, el portero... Fue entonces cuando, en medio de una ráfaga de aire frío, entró ella, acompañada por dos amigas, Carmen y Montse... Paula... A pesar de mi timidez, y con la ventaja de conocer su nombre, me acerqué a ella... y reanudamos la conversación en el mismo punto donde la habíamos dejado, varios meses antes... como si no hubiera pasado el tiempo... Después de aquellas dos noches, nos vimos un par de veces más, en los meses sucesivos... Ella terminó sus estudios de medicina, y se marchó de Madrid... Aunque nos seguimos viendo... algunas noches... en sueños...

- Cinco- ¿Cuàntas posibilidades hay de encontrarte con una persona en un viaje astral, y volver a encontrártela después en la realidad?¿Has tenido alguna vez la impresión de haber estado en un sitio que no conoces?¿Has sentido alguna vez que ya habías hablado con un perfecto desconocido? Tal vez, la respuesta a todas estas preguntas sea un rotundo ""...






domingo, 11 de septiembre de 2011

VIERNES POR LA NOCHE

Anoche quise soñar contigo, necesitaba tus besos, tus caricias, tus abrazos, el contacto de tu piel desnuda contra mi pecho, el roce de tus dedos, el aroma a lavanda y espliego de tu pelo, el levemente afrutado perfume de tu boca... Necesitaba sentirte una vez más entre mis brazos, para restablecer el equilibrio de mi mundo, que naufragaba lejos de ti, y perdía el escaso sentido que otorgaba la aplastante realidad y el paso del tiempo... Soñaba despierto contigo, y me parecía injusto que fuera tanta la distancia entre nuestros cuerpos, cuando yo notaba el latido de tu corazón en mi pecho, y la yema de tus dedos trazaba arabescos sobre la piel de mi espalda...

Si estaba loco, aquella era precisamente el tipo de locura que me daba la vida, y por la que arriesgaría encantado la vida, si el premio era tenerte conmigo... no estar nunca más solo... ni volver a tragarme las lágrimas... No me importaba tampoco que ambos mundos se cruzasen en el espacio y el tiempo, si aquél era el precio de tenerte conmigo... ¿Quién se preocupa por la realidad, si puede sumergirse entre los cálidos brazos de una diosa?

Anoche soné que en el silencio de la noche, sonaba el teléfono móvil, y era tu voz la que escuchaba, en mitad de una tormenta de recuerdos... Tu voz, ligeramente ronca, pronunciando en mi oído leves palabras de amor y deseo... "Estoy en la puerta... de tu piso... ¿Me abres?" No había mejor manera de terminar el sueño, que abrir la puerta, y encontrarte allí, con tu gabardina empapada, tu paraguas, y tu sombrero... El agua ha mojado las puntas de tu hermosa cabellera, pero me olvido de todo cuando me besas... y te abrazo... Te doy una toalla y te muestro el camino al cuarto de baño, me has dado tu gabardina en medio del salón, tu blusa de seda blanca y tu pantalón de pinzas negro siguen el mismo camino, y en ropa interior te diriges hacia la ducha, me das otro beso, y cierras la puerta...

¿Cuántas veces has venido a mi casa? No parece que sea la primera, puesto que conoces el lugar de muchas pequeñas cosas... Mientras te espero, doy una rápida batida por el dormitorio, y pongo un CD de jazz... El tiempo se vive de manera distinta en los sueños, porque enseguida sales de la ducha, envuelta en mi viejo albornoz azúl, y con los pies descalzos... Hablamos un rato, bebemos un poco, te quedas adormilada en el sofá... Respiras profundamente... duermes... Con gran suavidad, te tomo en los brazos, es una suerte que peses tan poco, y te llevo a la cama... Ocupas la mitad destinada a las visitas... Te arropo con las sábanas y la manta, y me siento en el sillón de lectura, para verte dormir... Pareces tan joven, tan indefensa, sin el maquillaje que utilizas en el bufete... y eres tan hermosa... No puedo evitar darte otro beso, esta vez, en los labios, me pongo el pijama y me tumbo a tu lado... Se me cierran los ojos...

Viernes por la noche... sueño que estás de nuevo a mi lado, que has venido a verme, en mitad de la oscuridad y de la lluvia... y te has quedado a dormir conmigo... Sábado por la mañana... Suena el despertador... Estiro la mano para apagarlo... Y te veo, dormida, a mi lado...

No ha sido un sueño...